Una gran alegría casi me hace recaer.

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Estaba a punto de cumplir seis meses de sobriedad.
Seis meses que habían sido una montaña rusa, pero con un rumbo claro: cada día me sentía más estable, más presente, más capaz.

Mi vida de pareja había mejorado muchísimo. Las discusiones se habían reducido, había más risas, más momentos tranquilos. Mi energía estaba enfocada en reconstruir lo que había perdido y en fortalecer lo que estaba naciendo.

Recuerdo que era una mañana normal. Café en mano, estaba revisando el correo cuando apareció ese mensaje:

“Queremos ofrecerte el puesto. El proyecto empieza en dos semanas.”

No era cualquier propuesta. Era el trabajo que siempre había querido, con un reto apasionante y la promesa de un futuro brillante. Por un momento, sentí que todo lo que había hecho en esos seis meses estaba dando fruto.

Me levanté, caminé por la casa con esa mezcla de euforia y alivio… y entonces, sin aviso, algo se encendió en mi mente:

—\”Con esto ya lo lograste… te puedes dar un gusto.\”

Un “gusto” que, en mi lenguaje de adicciones, significaba volver a consumir.


Cuando el peligro viene disfrazado de alegría

Fue un momento muy confuso. Siempre había pensado que los riesgos de recaída venían de momentos duros: estrés, tristeza, soledad.
Nunca imaginé que una buena noticia pudiera despertar el mismo impulso.

Pero ahí estaba: el corazón acelerado, la mente justificando, la fantasía de “solo una vez” asomándose como un ladrón en la noche.

En ese instante, recordé algo que había escuchado en una reunión de SMART Recovery:

“No solo te prepares para los días malos. Prepárate también para los muy buenos.”


Lo que hice para no caer

Respiré hondo y, en vez de luchar en silencio, decidí tomar acción.
Entré a una reunión en línea de SMART Recovery y lo solté todo:

—“Acabo de recibir la mejor noticia del año… y quiero consumir.”

No hubo juicio, no hubo sorpresa. Solo escuchas atentas y un recordatorio: los logros también son cambios, y todo cambio activa nuestro sistema de alerta.


Herramientas que me salvaron ese día

🔹 1. Identificar el desencadenante
Nombrar que mi impulso venía de una emoción positiva me dio perspectiva. El problema no era la buena noticia, sino mi vieja asociación de celebrar = consumir.

🔹 2. Urge Surfing (surfear la urgencia)
En vez de pelear con el impulso, lo observé como una ola. Sentí cómo subía, alcanzaba su punto más alto… y luego bajaba. Como todas las olas, pasó.

🔹 3. Redirigir la energía
Tenía esa euforia en el cuerpo, así que la usé: hice ejercicio, escribí a un amigo para contarle la noticia, avancé un paso en la preparación para el nuevo trabajo.

🔹 4. CBA – Análisis de Costos y Beneficios
Saqué mi hoja de CBA y leí lo que había escrito meses atrás:

  • Lo que gano con la sobriedad: paz mental, relaciones sanas, energía, confianza.
  • Lo que perdería con una recaída: mi estabilidad, mi credibilidad, mi relación, mi trabajo.

Fue como poner una balanza y ver, claramente, hacia dónde quería inclinarla.


Lo que aprendí

Ese día no recaí.
Y aprendí que en recuperación, las emociones intensas —sean buenas o malas— merecen el mismo respeto y manejo consciente.

Las buenas noticias pueden traer presión, miedo a fallar, inseguridad sobre si “estaré a la altura”. Y si no las procesamos, podemos caer en viejos hábitos para regularnos.

Hoy, cuando recibo una buena noticia, la celebro, sí… pero también reviso mi plan de acción. Me pregunto:

  • ¿Qué emoción estoy sintiendo en mi cuerpo?
  • ¿Qué pensamiento automático se activa?
  • ¿Cómo puedo canalizar esta energía sin recurrir al consumo?

Si estás en recuperación, recuerda: no se trata solo de sobrevivir a las tormentas, sino también de aprender a navegar en días soleados.

A veces, las olas más peligrosas no vienen en medio de la tempestad, sino después de haber llegado a un puerto seguro.

💬 ¿Te ha pasado que una buena noticia te genere impulsos para consumir?

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