Tag: vida nueva

  • ¿Qué te detiene?

    La promesa de una nueva vida después de la abstinencia es una luz al final del camino durante los primeros meses de recuperación. Poco a poco la salud mejora, algunas relaciones sanan, se estabilizan nuestras emociones y obtenemos una satisfacción de la vida que no teníamos.

    En algunos casos estos momentos son pueden ser muy riesgos porque empezamos a confiarnos, pensamos que somos más fuertes o que realmente ya no estamos en riesgo de volver a nuestra vida de consumo. Podemos recaer y volver a consumir durante algunos días, meses o incluso años.

    Quienes se aferran a esta nueva y aprenden ya no a evitar el consumo sino a resolver los conflictos de la vida y a retarse más sin la ayuda de la sustancia, van construyendo una recuperación cada vez más fuerte y una \”nueva vida\” que inspira a otros compañeros/as y a las personas a su alrededor.

    En estos momentos es cuando podemos convertirnos en padrinos o madrinas, o empezar a tomar más responsabilidades en nuestros grupos. También son momentos en los que otras personas fuera de nuestro círculo de recuperación comienzan a tenernos más confianza, dar mayores responsabilidades y el círculo virtuoso de la recuperación se va alimentando.

    Y con los años la recuperación se vuelve un recuerdo de fortaleza, de confianza, de solidez. Una realidad de comunidad, ya no sólo con aquellos que sufren o sufrieron lo que nosotros, pero hacia la sociedad. Una nueva esperanza.

    De todas formas, la vida nos reta con dificultades, con mayores responsabilidades y nos premia con éxitos y mayores alegrías. Podemos caminar esta nueva vida, hasta el final, si así lo queremos. Y así lo hacen muchos.

    Hace tres días cumplí 20 años en recuperación. Y en estos últimos tres años, algo me ha detenido. Después de una difícil etapa durante la pandemia, tengo ahora una vida llena de alegrías, de cariño de esperanza. Pero algo todavía me detiene. Marsha M. Linehan nos habla de caminar el camino de \”en medio\”, o el camino intermedio. Cuado ella toca el tema de las adicciones o de las conductas adictivas nos da dos visiones, el de la abstinencia y el de la reducción del daño. Y entre ambos está el camino intermedio.

    Lo que me detiene es algo, no sé cómo explicarlo. Tiene mucho impacto en mi vida profesional. Tengo por un lado muchos proyectos que me apasionan hacia el futuro. Por otro lado, tengo miedo del pasado. De haber estado emocionado por estudiar medicina y perderlo. De haber tenido un excelente trabajo, tener éxito y dinero, y también perderlo. De haber hecho trabajos para los que era bueno, me gustaban, me pagaban bien, pero no me dejaban satisfecho, les dedicaba muchísimas horas y descuidaba mi vida personal.

    Por un lado, el pasado se cierne como el sonido de una tormenta lejana, que no veo pero que conozco sus consecuencias. Al tiempo que veo un mar iluminado, calmado y lleno de esperanza pero no sé hacia qué rumbo tomar por miedo a esa tormenta, a esos truenos que todavía escucho. Esos vientos y esa tormenta que ya en tres ocasiones me ha destrozado el barco.

    De ahí empezar a pensar en cómo interpretar este miedo que tengo con la filosofía dialéctica de Marsha Linehan. El miedo siempre estará, indicándome el camino hacia dónde no quiero ir. Y por otro lado está la esperanza, la inocencia de poder ir hacia cualquier lado sin pensar.

    ¿Cómo caminar entre estas dos fuerzas pero hacia un lugar donde me sienta \”en recuperación?

    Esto me hizo pensar que \”la nueva vida\” puede ser peligrosa porque pareciera que la vida en consumo es una vida a la que no queremos volver. Una \”vida vieja\”, una vida sucia, detestable. Y me sucede que envuelvo todo ese tiempo, con todas las experiencias buenas o malas y les impongo una etiqueta negativa. ¿Qué fue lo que me puso en riesgo del consumo tan fuerte? ¿Qué tengo que evitar? ¿Qué tengo que seguir haciendo?

    Y aquí es donde me detengo. Justo en esa emoción, sensación, pensamientos, en ese punto en el que el consumo sería totalmente deseable, ese momento que, hace 27 años cuando tomé mi primer litro de cerveza sin detenerme y sentí esa indescriptible paz, es ahí donde me sitúo. Ese momento, paradójicamente, está lleno de energía positiva y, por otro lado, fue el inicio de un camino hacia el infierno.

    ¿Cómo puedo recuperar ese momento pero viviéndolo sin consumo?

    Y, aunque parece tonto, la forma de vivirlo es justamente así, recuperando ese momento, esos sueños, pero no consumir. Buscar ese placer, ese gusto, ese despertar en la vida en sobriedad, en recuperación. Viendo hacia atrás, ese trago de cerveza me cerró esa gran puerta. Ahora es posible cruzar la puerta y cerrarla por dentro. Ése es el camino de en medio, con la puerta cerrada pero habiéndola cruzado antes.