Tag: SMART Recovery

  • ¿Y tú, oras o meditas?

    \”Orar es dialogar con Dios, meditar es escuchar a Dios\”

    Anónimo

    En una reunión de doce pasos uno de los compañeros recién llegados preguntó de qué servía la oración cuando él no creía en Dios.

    Éramos 12 o 15 personas en ese grupo y cada uno fue comentando su experiencia. Algunos hablaban de que sus padrinos les habían enseñado a orar, tanto al despertarse como antes de dormir, sin importar qué creían. Otros hablamos de contactar con Dios a través de caminatas en el bosque y otras actividades. La mayoría hablaba de la importancia de su comunidad religiosa y de cómo ésta se había vuelto más importante a partir de haber iniciado la recuperación.

    Hoy en el grupo de SMART Recovery platicamos también al respecto. Les pregunté cómo definían la oración y la meditación. Es un grupo pequeño que forma parte de una comunidad religiosa. Uno de los participantes comentó que orar es una manera de hablar o dialogar con Dios, mientras que meditar era una manera de \”controlar\” o un ejercicio de \”observar\” nuestra mente.

    Otra compañera comentó una frase que me pareció muy precisa \”Rezar es hablar con Dios. Meditar es escuchar a Dios\”.

    En SMART Recovery, con su enfoque racional la oración y la meditación como tal, no forman parte del programa. Pero si pienso en la ciencia o la racionalidad como mi Poder Superior, el análisis de mis creencias irracionales y la creación de nuevas creencias, así como los ejercicios de autoaceptación, tienen en mí un efecto liberador, tranquilizador. Tal vez similar a lo que siento cuando rezo o medito. Es como hacer yoga o estiramientos mentales.

    ¿Y tú? ¿Cómo vives tu espiritualidad en tu recuperación? ¿Qué tan importante es? ¿Practicas la meditación o alguna otra actividad que te ponga en contacto con la Naturaleza, con el Universo o con la Comunidad Humana?

  • Las 7 suposiciones de la recuperación

    Marsha M. Lineham en su libro \”DBT Skills Training\” define 7 suposiciones muy valiosas para todos aquéllos y aquéllas que están en proceso de recuperación.

    Yo estuve tentado a llamarles principios, pero la palabra suposición, nos dice la autora es una \”creencia que no se puede probar, pero que de todas formas decidimos aceptar\”. El transfondo, aunque me cuesta trabajo hacerlo yo mismo, es no obligar a nadie a nada. Sino dejar que cada uno decida si acepta o no estas suposiciones aunque no haya pruebas. Evadimos aquí a la mente racional de la que nos habla Albert Ellis, a una mente sabia de la habla Marsha M. Lineham. Me recuerda también un poco el enfoque de reducción del daño e incluso me recordó la manera en que se describen los pasos de AA \”estos pasos hemos visto que son efectivos, pero tú puedes comprobarlo por ti mismo\” (parafraseando).

    En otro post hablaré más de ello, pero aquí encontrarás algo de información al respecto de la mente sabia: http://www.mariamoninipsicologa.com/blog/la-mente-sabia

    Volvamos a las suposiciones.

    1. Las personas están haciendo lo mejor que pueden

    2. Las personas quieren mejorar

    3. Las personas necesitan hacer un esfuerzo mayor y necesitan más motivación para cambiar

    4. Aunque las personas no hayan causado todos sus problemas, sí son responsables de solucionarlos de cualquier manera.

    5. Las nuevas conductas deben aprenderse en todos los contextos relevantes

    6. Todos los comportamientos (acciones, pensamientos y emociones) tiene una causa

    7. Entender y modificar las causas del comportamiento es más efectivo que juzgar y culpar

    Como vemos, todas estas suposiciones son en realidad afirmaciones, incluso son tajantes. ¿En qué estado psicoemocional nos quiere situar la autora?

    Quiero compartir con mi experiencia en doce pasos y en SMART Recovery cómo explico estas suposiciones.

    La primera es una suerte de aceptación incondicional aunque con una diferencia. No nos dice acéptate como eres, sino eres lo mejor que has podido ser hasta ahora. En Doce Pasos, el primero de ellos, nos dice derrótate que después de ver a un amigo escuchar esas palabras y llorar desconsoladamente, me suena a algo similar. Es decir, deja de luchar, acéptate, has hecho todo lo posible hasta ahora. La derrota es también aceptación y al mismo tiempo la autora nos dice, apláudete, agradécete.

    La segunda y tercera me parecen magníficas porque nos habla del deseo de cambio pero al mismo tiempo nos compromete con el cambio. Todos deseamos o queremos cambiar, estemos consumiendo, moderando o en abstinencia, en algún aspecto de nuestra vida queremos cambiar. En otro libro se explicaba como \”todos queremos lo mejor para nosotros\”. PERO, tienes que hacer un esfuerzo, no puedes caminar si no das un siguiente paso. En SMART no lo definimos así, más bien lo vemos en las etapas del cambio, es un paso de una a otra etapa, es reconocer, tener conciencia y después hacer algo al respecto.

    En Doce Pasos podemos verlo también en el caminar cada uno de los pasos que se van construyendo poco a poco, comprometiendo sin prisa ni presión (aunque muchas veces los compañeros y padrinos no tengan demasiada paciencia).

    En la cuarta suposición, creo que conviven muchos de los pilares de Doce Pasos y SMART. En primer lugar, deja de culpar, hazte responsable. Hula Hoop, ve lo que puedes cambiar, deja de ver lo que NO puedes cambiar. La oración de la serenidad y aceptar que aunque tu condición como alcohólico o adicto, no es tu culpa porque es una enfermedad, sí tienes que responsabilizarte y solucionar tus problemas.

    La quinta, sexta y séptima suposición, me parecen muy interesantes si las vemos concatenadas. No sé bien por qué las puso en ese orden, yo hubiera puesto la cuatro como última, pero bueno, yo no soy el experto, jajajajajaja. Pero bueno, en primer lugar, nos habla de que el cambio no está completo hasta que lo apliquemos a todas las áreas de nuestra vida como lo dice el Punto 4 de SMART y el paso 12 de AA. No seas amable sólo con tus amigos, sé amable con todas las personas que son relevantes en tu vida (te caigan bien o no).

    Y cómo lograrlo, y aquí me parece fundamental, y creo que se aleja un poco de la TREC y se acerca a la TCC. Busca la causa. En la TREC y por cercanía en SMART Recovery la causa de todo son nuestras creencias y pensamientos irracionales y no va más allá. No digo que no sea efectivo, simplemente SMART es más pragmático porque no busca que la persona cambie en todo, es un programa para recuperarse a partir de la abstinencia. Lo que suceda después ya no es parte del programa realmente. A pesar de esto, si cambias la manera en la que piensas sobre tu conducta adictiva, esto te ayudará a cambiar en muchos otros aspectos.

    En la TCC sí se buscan las causas de las creencias. Las creencias centrales, secundarias y pensamientos automáticos. Y éstas tienen relación con el desarrollo humano. La Terapia Dialéctica Conductual busca profundizar más y con ello podemos utilizar las herramientas para cambiar de raíz tanto las causas ya sean internas o externas.

    Y por último, dice la séptima suposición enteder y cambiar las causas. Esto me parece súper significativo, no habla de cambiar las conductas, habla de cambiar las causas, de profundizar. Sí, en SMART y en la TREC cambiamos nuestro pensamiento, es la causa y en Doce Pasos la causa de nuestros comportamientos son los defectos de carácter, pero en ninguno de los dos estamos cambiando las causas de los pensamientos ni las causas de los defectos de carácter.

    Afirmo esto último con lo poco que conozco de la TDC pero sé que su alcance es mucho más profundo que el de la TREC y la de los Doce Pasos, sin quitarle mérito a las otras, son simplemente distintos enfoques.

    Por último, comparada la TDC con la TCC, aunque parezcan similares en las últimas suposiciones, la TCC no acepta que las personas quieran cambiar, ni que están haciendo lo mejor que puedan. Y no porque lo niegue, simplemente no es una consideración a tomar en cuenta.

    Y ahora un poco de lo que me ha pasado en estos días. Que hace rato no escribía. Hoy me sentía muy nervioso por dar un taller, y ayer trabajé toda la tarde en finalizar la presentación. Lo diseñé durante varios días. De cualquier manera, tuve pesadillas, amanecí nervioso y releí estas suposiciones. Sí, hice lo mejor que pude. Y dos, sí seguramente mientras dé el taller voy a querer cambiarlo. Pero ya el esfuerzo por cambiarlo, la suposición 3, lo haré después. Entonces las primeras dos suposiciones me sirvieron para calmarme, para hablar con mayor tranquilidad y claridad. Y me sentí muchísimo mejor. Además me he estado poniendo las pilas con medir más las horas que trabajo con una app que se llama Be Focused y me ha servido para darme cuenta que cuando leo el tiempo se me va rapidísimo. Que escribo más rápido de lo que pensaba. Y el trabajo trabajo me toma tiempo y espacios y no es una línea recta sino que lo voy armando como rompecabezas.

    También me está haciendo ver que todavía puedo esforzarme por empezar más temprano a trabajar y tener así mis ocho horas cumplidas… en vez de echar la hueva tanto, jajajaja.

    Gracias por leer.

  • Recuperando mi historia

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    Photo by Suzy Hazelwood on Pexels.com

    Hay un antes y un después de la recuperación. O tal vez, un antes y un después de la abstinencia.

    ¿Es la recuperación ahora, mi única historia?

    En uno de los grupos que más tiempo estuve, y en el que más amigos de vida conocí, había un padrino que agradecía haber consumido y llegado a recuperación porque eso le hizo conocer a una persona nueva, que antes no hubiera conocido. Él perdió su trabajo, su familia, casi su vida y cuando lo conocí era una persona disciplinada, trabajadora, sensata, confiable y muy amorosa. Un hombre de 45-50 años muy fuerte, ni alto ni bajo. Tardaba más de hora y media en llegar a la reunión desde su trabajo pero no faltaba. Le gustaban los coches rápidos y las motocicletas. Llegó a tanto su cercanía al grupo que chocó en su moto a medio camino.

    En ese entonces había abierto un nuevo negocio y tenía una novia mucho más joven que él, y con quien llevaba una buena relación. Todavía recuerdo saludarlo, siempre sonriente, mirando a los ojos, siempre apoyando a quien se lo pidiera.

    No tuve la oportunidad de conocerlo antes de iniciar su recuperación. Aunque puedo imaginar un poco cómo era antes. Seguramente muy trabajador, enfocado en el éxito, el dinero, en su profesión. En ser impecable, perfecto casi. ¿Pero habrá sido también ese hombre cercano, tranquilo y comprometido con los demás? ¿Habrá sido el hombre sonriente que yo conocí? ¿Por qué decía que había encontrado a su verdadero \”yo\”?

    En estos últimos años me he preguntado quién sería yo y cómo sería mi vida si no hubiera consumido tanto cuando joven. Si, en vez de consumir, hubiera ido al psicólogo o al psiquiatra para lidiar con mi depresión y mi ansiedad. Con mi incapacidad de llevar la vida sin alguna droga. Surgió esta plática hace unos meses en una reunión y de manera nostálgica todos empezamos a platicar lo que perdimos. Lo que hubiera sido. Las oportunidades que hubiéramos tenido.

    ¿Será el hubiera también una forma de pensamiento irracional? ¿Realmente nuestra vida sería mejor?

    Posiblemente sí, pero tal vez no.

    Otro compañero siempre muy participativo, expresaba la recuperación como la búsqueda de SU verdad. Del verdadero Jorge (no es su nombre). Me gustaba mucho cómo se expresaba y compartía tan fervorosamente su camino.

    Si no pensara yo en el \”hubiera\”, y si pensara, como decía mi compañero en este nuevo Javier que no existiría o en este buscar mi verdadero ser. ¿Cómo contar mi historia con autoaceptación? Algo que ahora me puse a pensar es en no dividir mi vida en antes y después de la recuperación. Contarla como un hilo continuo congruente. Y cómo contar el consumo también como una \”búsqueda\” como una experiencia de la que, después de algún tiempo, quise transformar.

    Yo tuve un infancia muy buena, amorosa, cuidada, divertida. En realidad, de manera objetiva no tengo nada de qué quejarme. Pero cuando vuelvo la mirada hacia el pasado, lo primero que recuerdo son cosas oscuras o angustiosas.

    De mis recuerdos como niño, pocos son de alegría o juego. Recuerdo más bien momentos oscuros, como el \”hoyo del diablo\” en el arenero. O la casa misteriosa de una amiga del maternal con ascendencia japonesa. De ver a mi prima menor con unos fierros en las piernas que le ayudaban a enderezarlas. De peleas y conflictos en el maternal con los otros niños. De disfrutar, eso sí, el tiempo solo jugando en el changuero antes de que mis compañeros llegaran. Del sótano en la casa de uno de mis mejores amigos de la primaria donde jugábamos horas sin que nadie nos molestara. De la visita del padre de un amigo sospechoso, disruptor de nuestro juego, que no podía entrar a la casa. Me acuerdo de los escondites en el jardín de mi abuela. Del asombro que me generaban los insectos, en especial los escarabajo. De pasar tiempo a solas en el rancho de unos primos viendo a las vacas comer y cagar. A los borregos balar asustadizos y las palomas volar en los viejos techos de la bodega.

    También tengo muchos recuerdos de ansiedad en la escuela, de no entender a los maestros. O de temerles. De robar junto con mis compañeros el dinero de los más grandes mientras ellos jugaban basketball. Recuerdo el olor de las coladeras cuando me hacían limpiarlas por haberme portado mal en clase. Otro recuerdo lindo, ahora que los hilo, eran las clases de trabajos manuales, en las que pasaba muchas horas también solo haciendo figuras de barro o de madera.

    Para recordar aquellos momentos felices, necesito más tiempo. Detenerme y pensar realmente. Y, eso, como decía antes, a pesar de que tuve muchos.

    Durante mi consumo tengo muchísimos recuerdos de borracheras, de ir a comprar drogas, de consumir éter en la clase de biología, de escaparme por unas cervezas a la cantina \”La Curva\” y terminar borracho con mis amigos. De escuchar jazz y Radiohead en la noche después de un porro y quedarme dormido con los audífonos. De cortarme los brazos y esperar que no quedaran manchadas las sábanas con sangre. De discusiones donde no me detenía hasta tener razón. De fumar y tomar café durante horas con mi mejor amiga. De emborracharme en las fiestas de quince años de mis amigas y de las amigas de mi novia.

    Y después, durante los años más oscuros de mi consumo, recuerdo la soledad, la desesperación. Sintiendo que caminaba sobre hielo, nunca sabiendo cuándo ni dónde me iba a caer. Disfruté mucho, eso sí, los años que estuve estudiando sociología. No tomé ni un solo apunte, pero escuchaba las clases de Historia de Latinoamérica, de ciencia política, de teoría de la sociología y antropología. Me abrió un mundo entero. Conocí también un México distinto, de la Universidad Pública, personas realmente apasionadas por su trabajo y por la justicia social. Los admiraba mucho. Y también la pasamos bien, fumando porros y tomando aguardiente León después de clases en el estacionamiento, todos los viernes religiosamente.

    Pensándolo de esta manera, encuentro un Javier que, tanto consumió como también tenía una vida rica, algo oscura y solitaria, pero de descubrimiento constante. De prueba, de desafío. Sigo siendo así. Y esta característica me ha metido en muchos problemas, no sólo en lo relacionado a la adicción, sino en muchas áreas de mi vida y en muchos otros momentos, pero también es una parte de mí que aprecio y me ha dado experiencias verdaderamente positivas.

    En la familia de mi madre hay historia de depresión crónica y de bipolaridad. ¿Es ésta fijación por lo oscuro, lo arriesgado y lo desafiante, un síntoma o una característica de personalidad? Es posible.

    Hay un sueño, una pesadilla, que tenía durante mis noches de fiebre cuando era niño. Que subía una escalera que nunca terminaba. Veía una puerta abierta al final pero nunca llegaba. Era curioso porque era un sueño en blanco y negro. Hace algunos años, tal vez 5 o 6, lo comenté con mi psicoanalista y volví a tener ese sueño, sólo que en vez de caminar hacia arriba, volteaba hacia la izquierda y entraba por otra puerta. En ese momento el sueño se volvió colorido. Como si la escalera fuera este estado depresivo donde no hay salida, no hay color. Y la salida fuera otra. Y esa salida tal vez, es la que he estado buscando durante años. Y ahí está, posiblemente viva en muchos momentos en esa vida y no me dé cuenta.

    Es verdad, sin embargo, que cuando inicié mi recuperación tuve experiencias que recuerdo con mucha luz. Sí, era una persona solitaria. Pasaba muchísimas horas solo, casi no tuve amigos excepto los de la escuela y los del grupo de AA. Y mi vecina de 75 años que me invitaba a cenar y a conversar. Y sí empecé a sociabilizar más después, a abrirme más. A relajarme, a disfrutar. Sí es verdad, que después de mi abstinencia la oscuridad en mi memoria se aleja.

    Y me pregunto si también puedo reconstruir los recuerdos de mi infancia con todo lo positivo que sucedió. Por alguna razón siento miedo, sólo de pensarlo. Pero también puede ser que lo vea con miedo porque en mi infancia veo muchas características de mi experiencia en la adicción. Casi queriendo rechazar al niño que terminó en ese camino, y no verme como un niño con muchas otras experiencias y las drogas como una más. Durante mi consumo me sucedieron muchísimas cosas buenas. Si dejé las drogas no fue porque todo estuviera mal, sino porque llegó un momento en que ya no podía avanzar, ni pensar ni sentir. Y necesité transformarme. Como en muchas ocasiones después. De otras formas y por otros motivos, pero son muy similares mis etapas de oscuridad y aislamiento, y las etapas de lucidez y socialización. Como si fueran oleajes, mareas. Pero, al fin, son el mismo mar, la misma playa.

  • ABC – DE

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    Famosa herramienta. ABC.

    Hace algunos meses estaba dando una sesión de Successful Life Skills a un grupo de adolescentes. Era justo la sesión donde explicábamos la herramienta ABC.

    A la mitad de la reunión, justo después de explicar la teoría detrás de la herramienta, dos participantes empiezan a pelear y a gritarse. Uno de ellos sale corriendo fuera de la sesión y, para ser muy sincero, no tenía idea qué podía hacer. Era una sesión en línea y por un momento pensé en terminar la sesión o que la coordinadora del lugar la cerraría. Pero de pronto vi que podíamos justamente utilizar la herramienta ABC para analizar qué pasó.

    Primero pensé que podríamos usar la herramienta para entender qué hizo que la persona reaccionara así. Pero me di cuenta que todo el grupo estaba harto de estas peleas, no era la primera. Y que se sentían en contra de su compañero o por lo menos hartos de él. Entonces cambié el ejercicio a que cada quien hiciera el ABC de lo que sintió en ese momento. Siendo el Evento Activador la pelea y su salida.

    Se volvió un ejercicio muy lindo, donde todos tuvieron la oportunidad de revisar sus creencias irracionales y sus emociones. Se sentían hartos, enojados, tristes, frustrados. Y se sentían así porque creían que él debía actuar de forma diferente. Pero al final nos dimos cuenta que era problema de él, y que estas creencias no servían de nada.

    Y como conclusión, ya terminando, todos empezamos a comentar experiencias donde nosotros estábamos en su lugar. Todos pudimos pensar y contar experiencias donde gritamos, nos peleamos y tenemos a todo el mundo harto. De una experiencia, que para mí como facilitador fue un traguito amargo, terminó siendo una sesión muy positiva.

    Lo que quisiera decir, en realidad, es que el ABC se puede usar en el momento. Cuando pasa algo en nuestra familia, cuando estamos experimentando la situación de estrés. No es sólo, como yo suelo pensar, una herramienta de tarea o para un momento de claridad y tranquilidad. Es cierto que el hecho de que yo fuera un externo ayudó mucho, pero pensemos que como padres, padrinos, facilitadores o compañeros podemos usar el ABC cuando alguien nos llama agitados y funciona.

    En otro aspecto, quisiera contar la historia contraria. Usar el ABC para darnos cuenta de cómo las creencias racionales o las nuevas creencias efectivas están funcionando.

    En otro grupo, éste con mujeres adultas. Platicamos de la herramienta, todas tenían muy claras sus creencias irracionales. No tuve que explicar mucho, son un grupo muy bueno, con mucha experiencia en doce pasos y mujeres que han sobrevivido situaciones muy difíciles de vida.

    La manera en que utilicé la herramienta en esta ocasión, fue escuchando sus nuevas creencias efectivas. Ya tenían muchas y para ellas era claro cómo estaban racionalizando sus nuevas conductas. Entonces pusimos el mismo evento activador, pero con la creencia racional, la nueva creencia efectiva y entre todas pudimos reforzar el por qué se sentían más tranquilas, más enfocadas y más motivadas. Porque ya estaban utilizando sus nuevas creencias.

    Este grupo me sorprende en especial porque entienden muy rápido los conceptos. Incluso una de ellas me preguntó si era el ejercicio de CBT. Me gustaría saber más qué es lo que hacen o han hecho previamente.

    Y por último. La otra forma de utilizar el ABC.

    Hacemos el ejercicio de ABC con las creencias efectivas y activadores nuevos. Nuevas cosas que nos hagan sentir riesgos y que las nuevas creencias efectivas, aunque racionales no son efectivas para ese momento. Entonces podemos crear nuevas creencias efectivas más adecuadas para cada momento. No es sólo cambiar el pensamiento a racional sino también ya cada vez más específicamente empoderarnos o crear un lenguaje racional o empoderado muy personal.

  • Cambio de prioridades

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    Como herramientas del Punto 1 de SMART Recovery utilizamos la escala de valores como también el plan de cambio. Generalmente, entre los valores que discutimos en las reuniones que he facilitado, están la salud, la familia, la recuperación, la asistencia a los grupos, la profesión. Es un ejercicio que uso bastante cuando entran personas nuevas, o cuando quiero reforzar las razones por las que estamos en recuperación. Ayuda mucho a unir al grupo, porque los valores y las historias que compartimos, generalmente son similares. Suelen ser sesiones muy emocionales.

    Por otro lado, la herramienta de plan de cambio, nos ayuda a enfocarnos más en lo práctico. Ahí las metas y objetivos son más individuales. Y es un reto poder centrar la conversación en el grupo, más bien se centra en dos o tres participantes. Me gusta mucho utilizar esta herramienta cuando alguien expresa cierto desánimo o desilusión sobre qué sigue. Ya llevo x meses de abstinencia, me siento mejor, PERO todavía hay muchas cosas que me afligen y no sé por dónde empezar.

    Cuando unimos estas dos herramienta surge una plática muy rica. El cambio de prioridades de vida. Recuerdo a Carlos (no es su nombre verdadero), que hizo, en el primer año, cambios sustanciales en su vida profesional porque trabajaba en un restorán y tanto el ambiente del trabajo como el acceso al alcohol eran desencadenantes de recaída.

    Antes de hacer este cambio, siempre expresaba los cambios en su vida matrimonial, la energía que dedicaba a mejorar su relación, tanto con su esposa como su hija. También su acercamiento a otros programas espirituales y a su comunidad religiosa. Claramente sus valores habían cambiado, su familia y espiritualidad estaban por encima del dinero y de su profesión. Entonces, aunque no lo habló en las sesiones, un día comentó que renunció a su trabajo y que fueron meses de mucha dificultad. No sólo económicamente sino también de no saber qué más hacer.

    Se le escuchaba ansioso, en algunas ocasiones nos contaba de tener ganas de consumir, estaba, podemos decir en riesgo. Pero lo hablaba, lo comentaba y más importante, sabía cómo salir de esas situaciones. Otra cosa que era muy importante es que en ese momento ya tenía una relación muy fuerte con su esposa e hijas, como también en su relación con su creencia espiritual.

    Vemos aquí cómo podemos usar tanto los valores como el plan de cambio para estructurar el cambio de prioridades de vida. Él empezó cambiando sus valores, pero no sus planes. Después, cambió sus planes y mantuvo sus valores. Los valores fueron una fuente de poder o un sustento para el cambio, una dirección. Como facilitador, si escucho a Carlos apesadumbrado o nervioso en una reunión, lo que hago es recordar su historia y la forma en que construyó sus cambios. Empiezo recordando sus valores y cómo a partir de ellos cambió sus planes. Esto ayuda mucho a los participantes a entender cómo las herramientas se unen.

    Ahora, vemos también en este ejemplo, que en su historia (y me siento cercano a su experiencia) tomó una decisión muy importante, el cambio de trabajo, que podía afectar a su familia, y a su abstinencia. No fue una decisión planeada, estructurada, simplemente dijo, tengo que salirme de mi trabajo. Esto, sin duda crea una tensión emocional fuerte, y un riesgo de recaída. Como facilitador yo tenía también me sentía con la oportunidad de comentar el por qué de su tensión, que la manera de hacer un cambio de vida brusco sin planeación (justo en lo que yo me siento cercano), puede crear un espacio de riesgo.

    Pero al mismo tiempo, con ese comentario, le refuerzo su valentía, su fortaleza y su capacidad intuitiva para tomar decisiones. No pensar tanto las cosas y confiar.

    Este mensaje me sirve por dos razones, para aquellos como él o como yo, que tomamos decisiones más viscerales, saber que podemos hacerlo, y que, en vez de sentirnos agobiados, podemos sentirnos confiados por nuestras capacidades. Y por otro lado, para quienes no quieren hacer este tipo de cambios bruscos, ayudarles a entender cómo unir las herramientas de valores y de plan de cambio.

    Para terminar. Utilizando estas dos herramientas juntas tenemos la oportunidad de hablar de cambio de prioridades, desde los valores pero hacia un plan más concreto. Puede ser a priori, alguien que lo use para planear o a posteriori, para ayudarle a alguien a entender cómo tomó sus decisiones en el pasado. En ambos casos, lo que estamos haciendo es reestructurando y fortaleciendo la experiencia del cambio.

    ¿Quieres utilizar las herramientas de jerarquía de valores y plan de cambio?

    Entra a: www.smartrecovery.org.es

  • La Ciencia, mi Poder Superior

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    Sin duda el programa de Alcohólicos Anónimos es uno de los recursos más comunes y populares para la recuperación de adicciones. A pesar de haber sido muy religioso y creyente durante mi juventud, cuando estaba en recuperación no pensaba mucho en ello.

    La única salida que conocía en ese momento eran los doce pasos y la palabra Dios estaba en casi todos ellos. Pero un compañero me recordaba que yo podía escoger y podía diseñar el Dios que yo quisiera. Me dio una libertad profunda. Al principio mi Poder Superior era mi grupo, mi manera de meditar y de rezar era yendo al grupo. Abriendo mi mente a nuevas experiencias.

    Después de 10 años en AA conocí otros programas y perspectivas. La reducción del daño, la terapia racional emotiva conductual, la cognitiva conductual, la dialéctica cognitiva conductual… SMART Recovery, LifeRing, terapeutas especializados, psicoanálisis. Me certifiqué como coach de recuperación. Y entendí por fin el Dios que me guio durante mi recuperación. Mi Dios era la Ciencia. Y cada uno de los pasos cobró un sentido diferente. Seguían siendo una guía para mi recuperación, todos seguían siendo válidos, incluso cuando la Ciencia era mi Dios y parecía contrario a los principios de AA.

    Mi camino hacia un estudio más científico y riguroso del consumo y las conductas adictivas me llevaron hacia una pregunta existencial. ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero de la vida? ¿Qué misterios no puede responder la ciencia?

    Al final, ningún Dios o Poder Superior responden todas las preguntas de la vida. Pero mientras me den claridad, motivación y confianza, no importa el nombre que les dé o no importa a qué tipo de grupo vaya o de ayuda reciba, todo suma.

    La recuperación es un camino totalmente personal. Existen tantas historias y formas de recuperarse como personas en recuperación. Respetar los caminos de los otros, aprender de ellos y poder hablar abiertamente de mi experiencia sin querer convencer o de criticar, me ha fortalecido y mantenido en mi camino.