Tag: mitos

  • El dolor y el placer

    \"\"
    Photo by eberhard grossgasteiger on Pexels.com

    Un camino bien reconocido del uso al abuso y a la dependencia de alguna sustancia o de alguna conducta se experimenta de maneras muy distintas.

    En la primer etapa, el uso, solemos disfrutar nuestra sustancia o conducta. Empezamos a trabajar, tenemos más dinero. Nos liberamos de las reglas de las casas de nuestros padres o de otras autoridades. Esta libertad y dinero nos abre las puertas a disfrutar de cosas nuevas, a aventurarnos en comprarnos cosas, a tener más experiencias sexuales, a salir de fiesta, empezar a beber y a consumir drogas.

    En algunos programas he escuchado la frase: \”Cuando la sustancia/conducta me daba servicio\”. ¿Cuándo pasamos a la etapa de abuso? No creo que haya una línea clara entre el uso y el abuso, cada persona cruza esa línea donde se le empieza a dar más importancia a la sustancia/conducta que antes.

    Voy a utilizar el dolor y el placer como medidas para comprender cómo podemos experimentar estas etapa. La primera, el uso, podríamos decir que existe placer al usar, es un gusto cuando hay alcohol, drogas, apuestas o sexo. Nada pasa si no hay, pero si hay es un gusto, un placer. Posiblemente al inicio no hay consecuencias negativas. No gastamos de más, no tenemos resaca ni grandes arrepentimientos. Contamos las historias del uso como buenos recuerdos.

    Posiblemente la siguiente etapa, el abuso comienza cuando sentimos dolor o desagrado cuando no tenemos la oportunidad de consumir. Por ejemplo, ir a un lugar donde no se puede fumar, ir a una cena o fiesta sin poder beber. A una reunión donde se juegue pero no se apueste. Esta situaciones nos dejan de interesar a menos que exista nuestra sustancia.

    Después el dolor empieza no por si hay o no, sino por cuánto hay o por si sigue nuestras reglas de uso. ¿Cuánto apuestan? ¿Qué juegan? ¿Qué puedo comprar? ¿Tendré sexo y con quién? Empezamos a tener, no sólo el gusto por la sustancia sino por el ritual. Sin el ritual comenzamos a sentir dolor, desagrado. Pensando hacia el pasado, creo que ésta es la etapa donde más disfruté de la sustancia, donde todavía el ritual era importante.

    Cuando el ritual deja de ser placentero empieza una nueva etapa. Cada vez va tomando más fuerza el dolor de no consumir o de no poder hacer nuestra conducta. Recuerdo algunas reuniones entre amigos que antes disfrutaba sin beber y fumar. Después me encantaba ir ya sabiendo qué iba a beber, quién iba a estar, cuánto tiempo estaríamos ahí. Y meses después, antes de poder disfrutar, ya había bebido o llegaba a tomar unos tragos antes de iniciar el ritual.

    Como vemos el dolor de la abstinencia, de no consumir o como dice Allen Carr el pequeño monstruo requiere ser alimentado. La voz de la Bestia cada vez aumenta su volumen y nosotros la escuchamos más de lo que escuchamos o experimentamos la realidad.

    El abuso, ¿cuándo pasamos del abuso a la dependencia? Con el tabaco me es más fácil identificarlo. Y es sentir que no tengo cigarros a la mano. Simplemente el pensamiento de que no voy a tener la capacidad de consumir, usar o hacer en el momento en que yo quiera. Y no sólo eso, sino que tener también la opción de comprar o la libertad de hacer después de terminar con lo que tengo a la mano. Ahí empezó el comprar tres papeles de coca, porque no sabía si iba a querer más después de terminar. De hecho para mí el consumir solo se volvió la mejor opción porque, además de que no iba a compartir, podía continuar mi consumo sin necesidad de dar explicaciones o de sentirme juzgado o avergonzado.

    También, es posible que en ese momento de dependencia ya no sepa si mi depresión es causa o es razón de mi consumo. Al inicio, claramente una resaca o una deuda o una experiencia sexual avergonzante, sabemos claramente que se debe al consumo. Pero entre más avanzamos ya utilizamos la sustancia para quitarnos la resaca o para quitarnos la depresión o la vergüenza y entramos en un ciclo sin salida.

    Para mí el ciclo era entre más consumo, más culpa tenía, más depresión sentía y más necesitaba consumir para dejar de sentirlo.

    Allen Carr tiene un ejemplo muy bueno al respecto. De tener una comezón en la nariz y utilizar una crema que nos regala un familiar porque tiene buena fama. Después de usarla, nos sentimos mejor por un periodo de tiempo, pero después de unos días la comezón se convierte en un enrojecimiento de la piel. Usamos la pomada, nos cura durante unos días pero después vuelve con más fuerza. La historia finaliza con la noticia de que es la pomada la que empeora la condición, quitando sólo los síntomas superficiales durante un tiempo. Aquí la solución para quitar la comezón es la causa por la que ésta se vuelve peor, y ésta es la razón por la que que la usamos y…

    Seguramente otras personas viven momentos mucho peores que éstos. Yo tuve la suerte de poder iniciar la recuperación antes de perder la libertad, la salud o la vida. No quisiera profundizar en estas consecuencias porque no las he vivido personalmente y es un mundo más complejo.

    La razón por la que escribo esto es para dar una explicación de por qué no me parece útil la teoría de que la persona que sufre de adicciones es alguien que prefiere el placer a corto plazo y no el beneficio a largo plazo. En primer lugar me parece un comentario moralista en el que, como casi siempre, inundamos al sujeto con cierta falta de carácter o de madurez. Y, bien. La razón por la que hacemos, como sociedad, una gran cantidad de cosas es por el placer o bienestar a corto plazo. La razón por la que Google o Apple son las empresas con más poder económico es justamente porque sus servicios nos ofrecen placer en el corto plazo. ¿Quiere eso decir que todas las personas que consumen sus servicios o que van a un restorán de Fast Food son inmaduras y faltas de carácter?

    En esta ecuación del placer a corto plazo, no se ve el dolor a corto plazo. En mi caso y si vemos la progresión de la enfermedad de la adicción, la experimentación del dolor es muy importante. ¿Qué droga o conducta adictiva no tiene a la par una gran cantidad de dolor junto a ella? ¿Es eso inmadurez o falta de carácter? ¿No es lo que predican los atletas de alto desempeño? ¿No pain, no gain?

    Mi punto es, que la enfermedad de la adicción no es totalmente un trastorno del ciclo de recompensa. Es también una búsqueda del dolor o de la destrucción. Por lo menos en mí, justo antes de iniciar mi etapa de abuso, me cortaba los brazos antes de dormir. Dejé de hacerlo cuando empecé a fumar mariguana antes de dormir mientras escuchaba Radiohead o a Charlie Bird.

    Otra cosa que no me encanta es hablar de recuperación. Eso quiere decir que antes estábamos bien, que estamos recuperando algo del pasado. Las preguntas de qué quieres recuperar y de qué te quieres recuperar que vienen en el SLS de SMART Recovery, están asociadas al pasado, a lo que perdiste o a lo que estás sufriendo. Esto también es similar a la diferenciación que se hace en los doces pasos de las personas \”normales\” o los \”normies\” y \”nosotros los alcohólicos\”. A veces escuchamos esta frase con un tono de soberbia por parte de las personas que sufren la adicción, de ser mejores o de tener una vida más difícil. O, de víctimas. Siempre me pregunto, ¿quién es normal? ¿Qué no vemos el sufrimiento de otros, muchas veces mayor que el nuestro aunque no sufran de este trastorno o condición?

    Me gustaría más pensar en la recuperación como la conclusión de un entrenamiento o como una competencia. Puedo pensar en la recuperación como escalar una montaña. Es posible que lo necesites hacer para salvar tu vida pero también puedes verlo como una hazaña, algo que haces simplemente por el gusto de crecer, cambiar y, por lo menos en mi caso, de ayudar. No es recuperación, ni sanación… es un camino espiritual, como dicen los Doces Pasos? ¿Quién querría seguir los Doce Pasos si no tuvieras una situación de vida y muerte? Creo que, como me decía un terapeuta, poca gente lo hace.

    Parece que nos quitamos el crédito de querer cambiar y transformar nuestra vida.

    Las historias de boxeadores que vienen de la pobreza, por ejemplo, y resurgen como grandes atletas, ¿lo hicieron sólo porque eso les quedaba? O porque se comprometieron con ellos mismos, porque querían superarse.

    Tener un problema de adicción o de salud mental, no supone que quieras cambiarlo.

    Yo no me estoy recuperando y no necesariamente quiero recuperar algo sólo por haber tenido un problema de adicción en el pasado. Quiero recuperar cosas de mi pasado, porque como cualquier otra persona, posiblemente he perdido la esperanza e inocencia de mi niñez. O porque todavía, con cuarenta años, tengo mucho por hacer y por querer vivir. No es por haber \”perdido\” años en el consumo. Es porque quiero hacerlo. No sólo puedo hacerlo, como dice SMART Recovery, sino que quiero, más allá de toda experiencia con la sustancia.

    Ahora, por experiencia, sé que el consumo o la conducta me impiden este crecimiento. Y por eso decido dejarlo. No es al revés.