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  • Si no es real, enfréntalo

    En el libro de Marsha Linehan hay una parte similar a las estrategias de afrontamiento de ansiedad. Primero nos dice que veamos si el miedo, enojo, ansiedad, Etc. son reales o son \”irracionales\”.

    Voy a tomar de ejemplo el miedo a la burla que encuentro en muchas actividades que hago. Por ejemplo, dar talleres, enviar una propuesta a un cliente, tener una reunión, iniciar un proyecto, Etc.

    ¿Cuándo sí es real? Cuando dé un taller que no controlo, un tema que desconozco. Curiosamente cuando son esas cosas no me importa tanto, casi puedo decir que me atrevo más. Pero ahí sí, siendo realista, no recibo buenas noticias, ijijijijiji.

    Pero entonces, con el taller de Neuro-Craft, que sí domino, y que sí me gusta curiosamente me da miedo y me detengo. Entonces el ejercicio es enfrentarlo, vivirlo y darme cuenta que es un miedo como el de subirse a un elevador cuando te da pánico.

    También estoy recordando a Fernando cuando hablaba de que no nos gusta la felicidad o las cosas \”buenas\”. El miedo al éxito, al amor, a la felicidad.

    Tarea: Mañana enviar a Carlos y Arturo la noticia del mkt y decirles que presentemos el proyecto al consejo y dar el primer taller. Y sentirme confiado, de que este proyecto, no sólo me gustará sino que podrá durar muchos años.

  • Una nueva libertad

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    Recuerdo los primeros días de abstinencia. Pasé una semana encerrado en mi casa por el miedo de consumir. La única actividad que tenía era la lectura y acudir a mis reuniones. La desintoxicación de mi sustancia de elección fue dura, no podía dormir, sentía que mi cabeza iba a explotar y sólo pensaba en la satisfacción del siguiente trago.

    La segunda fue más fácil, volví a la escuela, aún con miedo y con la cabeza hecha un nudo. Casi no hablaba, no podía escuchar ni poner atención. Pero volvía a mis reuniones y empecé poco a poco a dormir mejor. Para distraerme caminaba horas por la calle y mi cuerpo empezó a sentirse más activo.  Después de algunas semanas, mi mente estaba clara y me sorprendía cómo podía prestar más atención, entender mejor las cosas.

    Y por fin sucedió algo maravilloso, empecé a disfrutar mis cafés de la mañana. A conversar con mis compañeros. En vez de ir a consumir, iba al cine todas las tardes y veía dos o tres películas. Leía, escribía. Mi vida empezaba a cambiar.

    El miedo se transformó en confianza. Y empecé a saborear una nueva libertad.