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  • Libertad o recuperación

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    La semana pasada comencé la reunión redefiniendo lo que significa para mí la recuperación. Adicto viene del latín addictus, que significa esclavo. Y cuando una persona deja de ser esclavo es una persona libre.

    A diferencia de pensarme como persona en recuperación de una enfermedad, preferí pensarme como una persona que fue esclava de una conducta, de una sustancia. Y como esclavo hice muchas cosas que no quise, y dejé de hacer cosas que pude haber querido o podido. Y posiblemente más que eslcavo de una conducta o de la sustancia, fue más bien un proceso neurofisiológico. O neuropsicológico, o neurosociofisiopsicológico.

    Me libera esta manera de pensar porque la adicción se convierte algo externo a mí, no una pesadilla que me controla por dentro, sino algo externo de lo que o de quien puedo alejarme.

    Y hace mucho sentido contar así la historia, tal como cuenta la historia de los adictos en Roma. Un adicto era un esclavo que antes era un hombre libre, pero que, debido a deudas se convertía en esclavo de su debitor. Pensemos que un campesino se endeuda por una fiesta o por querer mejorar su cultivo o para defenderse. Es decir, toma prestado de algo o alguien un valor que le hace falta o un valor que desea y no tiene. Aquí puedo coincidir perfectamente con mi historia. Yo tomé del alcohol y las drogas la seguridad, la confianza, la alegría que no tenía yo por mí mismo. O, que pensaba necesitar. También tomé de ellas y ahora empieza a ser más importante este concepto, la peligrosidad, la adrenalina, la aventura. El riesgo medido.

    ¿Por qué nos volvemos entonces adictos? Todos le piden prestado al alcohol y a las drogas esos beneficios de corto plazo, pero por alguna razón unos no los pagamos. Si nos vamos por la historia del campesino que pide prestado puede ser debido a una desgracia, o un abuso del campesino. Y similar es la situación con la adicción. Las razones por las que una persona se vuelve adicta son multifactoriales (neurofisiopsicosociológicas), sin embargo, en los programas de doce pasos se describe como una enfermedad dual: alergía y obsesión. (Después hablaré de la \”personalidad alcohólica\”).

    La alergía podemos describirla como cualquier suceptibilidad neurofisiológica que cree un riesgo en la persona para tener una conducta adictiva. La obsesión es, desde la visión de A.A. (porque también dice que \”cualquier persona\” puede caer) es una cualidad psicológica (social, psicológica…?), pero sabemos perfectamente que esa mezcla de alergia y obsesión puede ser dinamitada por la situación social del individiuo. Entonces podríamos definir el alcoholismo como una suceptibilidad neurofisiológica, psicológica y social.

    Así cada uno puede ir haciendo su historia. ¿Qué pesó más en ti?

    En mi caso la suceptibilidad a la depresión sin duda fue un factor primordial. Los primos y familiares que no sufren de depresión o bipolaridad en mi familia no tienen problemas con las sustancia (los hombres). Las mujeres, por otro lado, no tienen problema con la sustancia pero sí con los trastornos emocionales.

    Entonces yo tomé del alcohol la seguridad y confianza, tomé también la sensación de estar vivo. En vez de desarrollarlo poco a poco. Ahora, si no tuviera la \”alergia\”, pude también no haber desarrollado emocionalmente muchas cosas. Lo que quiero decir es que no fue la adicción o la sustancia la razón por lo que no lo desarrollé. Pude haber tomado otro camino sin adicciones y sin desarrollo emocional también. ¿Volverme un eterno Peter Pan? ¿O simplemente no me hubiera pasado nada del otro mundo? Sería yo, pero sin esa experiencia, con alguna experiencia diferente. Es tramposo también echarle la culpa a la adicción por fallas que tenemos. Si no hubiera… entonces tendría… sería… tal vez, y lo digo muy en serio, mucho de lo bueno que tengo no lo tendría.

    Siguiendo con el ejemplo del campesino endeudado, el adicto tenía que trabajar para su dueño hasta pagar. Había quién, si tenía un dueño ojete, no podría nunca liberarse. O moriría mientras pagaba. Pero la mayoría salían libres; muchos de ellos, como en las adicciones, simplemente cumpliendo. Pero había quienes necesitaban ayuda tanto para salir como para mantenerse fuera. Y hay tantas situaciones aquí que valdría para escribir una buena novela tipo La Montaña Mágica pero no dan para eso mis dactilares. Lo que sí da, es ponernos a pensar en la ayuda para salir y la ayuda para quedarse fuera. Y, en la ayuda para no convertirse en adicto.

    Sí, somos libres una vez que dejamos de consumir, pero, al haber sido esclavos durante tantos años o desde tan jóvenes, salimos y no sabemos relacionarnos, trabajar, no estamos conectados con la red social. También internamente existe el esclavo que no deja de ser esclavo, la moral de la que estaba escuchando de Nietzche la moral esclava? De prefiero ser esclavo a vivir mi vida. Lo cual, si tienes un buen dueño, por qué no. Está sobrevalorada la libertad. Pero si no tienes un buen dueño, por qué sí.

    Voy a cerrar aquí este tema, y abrir otro que tenía dando vueltas. Pero antes de irme, quisiera volver a algo que escribí y borré.

    Para que el tratamiento de las adicciones y posiblemente de otros trastornos similares, será necesario dividir, segmentar o separar qué es lo que estamos tratando. Generalmente lo hacemos por el proceso clínicio del tratamiento bajo las tres prevenciones. Pero después de pensarlo con la idea del adicto-esclavo, me gustaría poner esto de otra manera:

    1. ¿Qué habilidades necesitamos aprender que nos hubiera evitado entrar en el ciclo de adicción?

    2. ¿Qué habilidades necesitamos aprender que NO aprendimos mientras estuvimos en el ciclo?

    3. ¿Qué habilidades necesitamos aprender para NO volver a caer?

    4. ¿Qué habilidaddes necesitamos aprender para resolver los problemas que tenemos ahora?

    5. ¿Qué habilidades necesitamos parender para CERRAR ese capítulo? Para trascenderlo.

    Y de aquí podemos hacer un programa de desarrollo o de recuperación basado en habilidades y ligándolo a los resultados o a los comportamientos que queremos tener.

    Yo diría que al ser un problema neurofisiopsicosociológico, lo primero que necesitamos aprender es qué es exactamente este problema y qué es exactamente para cada uno de nosotros o nosotras.

  • Una nueva libertad

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    Recuerdo los primeros días de abstinencia. Pasé una semana encerrado en mi casa por el miedo de consumir. La única actividad que tenía era la lectura y acudir a mis reuniones. La desintoxicación de mi sustancia de elección fue dura, no podía dormir, sentía que mi cabeza iba a explotar y sólo pensaba en la satisfacción del siguiente trago.

    La segunda fue más fácil, volví a la escuela, aún con miedo y con la cabeza hecha un nudo. Casi no hablaba, no podía escuchar ni poner atención. Pero volvía a mis reuniones y empecé poco a poco a dormir mejor. Para distraerme caminaba horas por la calle y mi cuerpo empezó a sentirse más activo.  Después de algunas semanas, mi mente estaba clara y me sorprendía cómo podía prestar más atención, entender mejor las cosas.

    Y por fin sucedió algo maravilloso, empecé a disfrutar mis cafés de la mañana. A conversar con mis compañeros. En vez de ir a consumir, iba al cine todas las tardes y veía dos o tres películas. Leía, escribía. Mi vida empezaba a cambiar.

    El miedo se transformó en confianza. Y empecé a saborear una nueva libertad.