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  • Por la libre

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    Durante mi consumo perdí mi individualidad. Mi libertad, por supuesto, algún tiempo después. ¿Cómo puedo hoy aprender de ello?

    Mi consumo empezó en la adolescencia, como el consumo de muchas personas. Sin embargo, muy pronto se volvió excesivo y problemático. Como decía una compañera, yo era funcional pero mi vida era un caos. Era funcional en el caos de mi vida.

    En ese momento de mi vida también estaba teniendo un crecimiento, una madurez en otros aspectos que pocas veces recuerdo. Especialmente no las recuerdo o no las quiero recordar porque tienen que ver con mi vida espiritual y yo llegué a confundir o a ligar mi vida espiritual con la sustancia, especialmente con la mariguana. Y sí, debo decir que logré cierto acercamiento o experiencia espiritual diferente con ella. Pero algo que no me daba la mariguana era ese momento de compartir.

    En el último año que fui a misiones en Oaxaca, en vez de pasar el último día con mis compañeros, me fui a fumar mota con otro amigo y a beber y terminamos en una plaza dormidos bajo el sol. Deshidratados, mariguanos con mala hierba (no porque la marihuana sea una hierba mala, sino porque de verdad estaba mala). Y Oaxaca se convirtió en ese lugar mío de alejarme de todo, de no hacer nada.

    La diferencia entonces, o donde se cruzaron los caminos fue cuando cambié una espiritualidad compartida, alegre, por una experiencia solitaria introspectiva. Más allá de la crítica moral que puedo hacer sobre la espiritualidad con la mariguana como no siendo espiritual, que ahora es obvia. En ese momento no lo era. Porque era una experiencia interior similar.

    Pero, PERO, jajaja. Ahora puedo verlo. La gran diferencia fue el alejarme de los demás, de los demás con los que compartía esa espiritualidad. Y sí había algunas personas que consumían, y de forma más tranquila.

    Pero es lo mismo que con la primer cerveza. Simplemente me quería alejar. Esa mezcla de culpa y de váyanse a la mierda. Y la sensación física… sí es muy poderosa, y era muy poderosa en ese entonces, más que cualquier otra conexión. Lo más cercano que conocía eran los sueño, pero era como soñar despierto.

    Y soñar sigue siendo un camino de crecimiento personal muy fuerte. Hurgo en los sueños por respuestas, por luz, me ayudan a cuestionar físicamente mis pensamientos. Digo físicamente porque son como cuadros, como recuerdos, como imágenes claras de mis pensamientos, más turbios y nebulosos.

    En los sueños veo.

    ¿Será ésa una señal? Como si soñar fuera tan real, tan placentero que quisiera estar ahí. Vivir ahí. ¿Es eso un yo inmaduro? ¿Es eso ir al Ello para alejarse del Superyó?

    Bueno, no sé.

    La pregunta del inicio. ¿Cómo puedo manejar ese aprendizaje al momento en que estoy viviendo? Sí, me he clavado mucho en mis sueños, a veces me vuelvo a dormir para terminarlos o terminar de organizarlos. Existe ahí cierto camino, ciertas respuestas que después uso durante el día. Pero es verdad que son como hurgarme el ombligo. Después, durante el día no tienen mucha expresión. Es más bien como leer una novela o ver una serie de televisión.

    Aunque… sí me da guías yo diría espirituales para crecer. Aunque no se reflejen en el exterior, sí hay reflejo en el interior. Se reordena algo. Es como si en esos momentos mi cerebro se reconectara y se volviera más congruente.

    Entonces, sí. Valoraré el sueño y la escritura y la lectura. Son parte de mi crecimiento y desarrollo interior. Son novelas de mis pensamientos. Cuentos. Historias de mis símbolos. Son lecturas de cartas de tarot.

    Los sueños son el bosque de la carretera libre. Los caminos de terracería que me llevan a otros lugares desconocidos. Pero no son los que me llevan al final de la carretera.

    Ahora, ir por la libre, de forma más integral. Pensando en…

    Voy a hacer una pausa aquí. Algo que me distanció de la espiritualidad en el momento de mi adolescencia fue la incongruencia que vi entre la religión y Dios. No supe racionalizarla. Y en vez de negociar, de hablarla, me aislé.

    Pensando en… que el camino espiritual sí es uno de congruencia interna y puedo decir que se expresa a través de los sueños. Cuando se completa en el mundo de la vigilia es a través del servicio, de la conexión. Y entonces veo los dos polos y el espacio enorme entre ellos que no logro juntar.

    Por un lado los sueños, en su mundo. La interiorización, la meditación, la experimentación con alcohol y mariguana. Y por otro lado, el lado luminoso, el del servicio, el del contacto humano, el de la conexión con los demás.

    Así como en los sueños mis pensamientos se vuelven congruentes con mis emociones y mi conciencia. Así encontrar un puente en la realidad entre mis sueños y la conexión profunda que alguna vez viví en la religión.

    Cuando pienso que dar capacitación es el puente, me veo en el lugar del catequista. Enseñando algo en lo que no creo. O yéndome hacia el lado de hacer voluntariado totalmente sumiso, viviendo de la aprobación pero manteniendo mi conexión.

    Ahora, cuando pienso en el futuro. En ese nuevo puente, ¿cómo es?

    Congruencia. Voy a dar talleres, sí. Pero a mi manera. Los que he dado con KPMG por qué los considero más congruentes conmigo. Porque trabajo con la persona, con sus recursos, no vengo a darles la clase. Neuro-Craft por qué es importante. Por la misma razón. Y, también porque me puedo mostrar vulnerable, puedo decir este soy, esto hago, esto todavía no hago. Así me siento hoy. Transparencia.

    No avergonzarme de quien soy. Tampoco contar toda mi vida en todos lados pero sí dejar de sentirme culpable.

    Eso es lo más cercano a dar catecismo. Pero hablar más bien del desarrollo personal e individual.

    Por otro lado, si nos vamos al lugar de los sueños, del tarot, de la oscuridad. Sí es un lugar más oscuro que me da cierto miedo tocar. ¿Es el lenguaje de AA? ¿Es más bien ahí mi terapia? Un camino donde yo me reconecto conmigo.

    Y un paso antes de eso, estarían mis talleres más personales de resiliencia, por ejemplo. O tal vez, ésos son. Neuro-Craft de resiliencia, y cómo la he manejado. Ahí es donde más vulnerable me siento pero también donde tengo herramientas para hacerlo. Ahí, más que la vulnerabilidad de sigo aprendiendo, está la certeza de esto he aprendido. De soy un superviviente. De la superioridad que hablaba el horóscopo.

    Y ambas cosas se entrelazan. Se equilibran. Y se unen, tanto a mi superyó como a mi ello.

    Y ahí estoy en la libre. Entre la tensión de llegar a un lugar, de cumplir una meta pero al mismo tiempo de conocer el territorio, de tomarlo tranquilo, de disfrutar el viaje. De conectar.

    Bien.

    Entonces qué hago con lo que tengo. Porque sigo sintiendo que no estoy en ningún lugar. Cómo ser yo o por lo menos sentir que soy yo esté donde esté.

    ¿Cuál es el centro? ¿Cuál es la aceptación, mi yo, mis valores…?

    Tal vez, la pregunta más sencilla, sea: ¿Cuál es mi voz? Si pudiera escribir todo desde una misma voz, ¿cuál sería?

    Esa pregunta la dejo para mañana.

  • La Ciencia, mi Poder Superior

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    Sin duda el programa de Alcohólicos Anónimos es uno de los recursos más comunes y populares para la recuperación de adicciones. A pesar de haber sido muy religioso y creyente durante mi juventud, cuando estaba en recuperación no pensaba mucho en ello.

    La única salida que conocía en ese momento eran los doce pasos y la palabra Dios estaba en casi todos ellos. Pero un compañero me recordaba que yo podía escoger y podía diseñar el Dios que yo quisiera. Me dio una libertad profunda. Al principio mi Poder Superior era mi grupo, mi manera de meditar y de rezar era yendo al grupo. Abriendo mi mente a nuevas experiencias.

    Después de 10 años en AA conocí otros programas y perspectivas. La reducción del daño, la terapia racional emotiva conductual, la cognitiva conductual, la dialéctica cognitiva conductual… SMART Recovery, LifeRing, terapeutas especializados, psicoanálisis. Me certifiqué como coach de recuperación. Y entendí por fin el Dios que me guio durante mi recuperación. Mi Dios era la Ciencia. Y cada uno de los pasos cobró un sentido diferente. Seguían siendo una guía para mi recuperación, todos seguían siendo válidos, incluso cuando la Ciencia era mi Dios y parecía contrario a los principios de AA.

    Mi camino hacia un estudio más científico y riguroso del consumo y las conductas adictivas me llevaron hacia una pregunta existencial. ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero de la vida? ¿Qué misterios no puede responder la ciencia?

    Al final, ningún Dios o Poder Superior responden todas las preguntas de la vida. Pero mientras me den claridad, motivación y confianza, no importa el nombre que les dé o no importa a qué tipo de grupo vaya o de ayuda reciba, todo suma.

    La recuperación es un camino totalmente personal. Existen tantas historias y formas de recuperarse como personas en recuperación. Respetar los caminos de los otros, aprender de ellos y poder hablar abiertamente de mi experiencia sin querer convencer o de criticar, me ha fortalecido y mantenido en mi camino.

  • Un plan de vida

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    Después de 5 años de recuperación mi vida dio un vuelco. Me mudé de país, perdí a mi pareja, mi trabajo y mi salud. Tuve la suerte de no recaer con la sustancia, pero me sentía casi igual de mal emocionalmente y no sabía qué hacer.

    En los primeros años el enfoque era dejar de consumir, y eso fue suficiente. Con los años, aprendí que además de la abstinencia, se requería seguir trabajando la fortaleza y tener más herramientas para afrontar los problemas de la vida. Tuve una fuerte depresión de varios años. Acudí a terapia, me apoyé en la psiquiatría. Poco a poco empecé nuevamente a ver la luz.

    También comencé a ir a los grupos y ser voluntario, facilitar reuniones, apoyar a otros. Me hice voluntario en una asociación protectora de animales y todos los sábados me ocupaba en cuidar y alimentar gatos. Rescaté un perro y dos gatos. Todavía seguía frustrado profesional y económicamente, pero tuve paciencia y salí adelante.

    Ahora, viendo hacia atrás, me doy cuenta que tener un plan de vida es ir más allá de sólo mantener la abstinencia. Tener metas, objetivos, planes. Un propósito. Cada 5 o 6 años reviso mis metas, hago cambios, reviso mis aprendizajes y vuelvo mi mirada hacia el futuro para seguir creciendo y floreciendo.

  • Una nueva libertad

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    Recuerdo los primeros días de abstinencia. Pasé una semana encerrado en mi casa por el miedo de consumir. La única actividad que tenía era la lectura y acudir a mis reuniones. La desintoxicación de mi sustancia de elección fue dura, no podía dormir, sentía que mi cabeza iba a explotar y sólo pensaba en la satisfacción del siguiente trago.

    La segunda fue más fácil, volví a la escuela, aún con miedo y con la cabeza hecha un nudo. Casi no hablaba, no podía escuchar ni poner atención. Pero volvía a mis reuniones y empecé poco a poco a dormir mejor. Para distraerme caminaba horas por la calle y mi cuerpo empezó a sentirse más activo.  Después de algunas semanas, mi mente estaba clara y me sorprendía cómo podía prestar más atención, entender mejor las cosas.

    Y por fin sucedió algo maravilloso, empecé a disfrutar mis cafés de la mañana. A conversar con mis compañeros. En vez de ir a consumir, iba al cine todas las tardes y veía dos o tres películas. Leía, escribía. Mi vida empezaba a cambiar.

    El miedo se transformó en confianza. Y empecé a saborear una nueva libertad.

  • Aprender a decir no y decir sí.

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    Empecé mi recuperación diciendo que no. No a la sustancia, no a mis amistades de consumo, no a mis peleas constantes con mis familiares. Y eso me ayudó a poner ciertos límites. Sin duda me ayudó al inicio a manejar mis impulsos y enfocar mis esfuerzos.

    Después de algunos meses me di cuenta que eso no era suficiente. Ya había puesto límites y no me sentía en riesgo de recaer. Pero también me sentía aislado, frustrado y hasta depresivo. Entendí que además de decir “no” a la sustancia, también era importante decir “sí” a la vida, a la recuperación.

    Decir sí a nuevas amistades, a nuevas actividades, a nuevas aventuras. Poner límites es muy importante, pero también ampliar mis límites me da una vida nueva. Mi vida en consumo se había vuelto pequeña, pero mi recuperación me ayudó a vivir mis valores con plenitud. Disfrutar a mi familia, mejorar mi salud, equilibrar mis finanzas personales, fortalecer mi espiritualidad y conocerme más.