La Fantasía del Último Consumo Perfecto: ¿Realmente Funciona?

“Sólo una vez más… pero que esta sí sea la buena.”
“Una última vez para despedirme con cariño.”
“Después de hoy, nunca más.”

Este pensamiento no es raro. De hecho, es tan común que tiene nombre en muchas terapias de recuperación: la fantasía del último consumo perfecto.

Parece inofensiva, incluso lógica. ¿Quién no querría cerrar un ciclo de manera simbólica, con un gesto especial, antes de empezar una nueva etapa? El problema es que esta fantasía rara vez conduce al cambio. Por el contrario, es una de las formas más sutiles y peligrosas de autoengaño.


¿Qué es la fantasía del “último consumo perfecto”?

Es la idea de tener una “última vez” memorable antes de dejar un hábito destructivo para siempre. Como si eso pudiera facilitar la despedida.

Pero en realidad, es una forma de evitar el duelo del cambio. Una manera de postergar lo inevitable: enfrentarse al vacío, la ansiedad o el dolor que viene cuando dejamos atrás algo que nos daba placer, aunque también nos hiciera daño.


Tres razones por las que esta fantasía sabotea el cambio

  1. Romantiza el consumo
    Lo convierte en algo “especial” o “sagrado”, cuando en realidad forma parte de un ciclo doloroso. Este enfoque nubla el juicio y alimenta el apego.
  2. Refuerza la ilusión de control
    Nos hace creer que tenemos poder sobre el hábito (“yo decido cuándo y cómo dejarlo”), cuando en realidad muchas veces el hábito nos controla a nosotros.
  3. Genera anticipación dopaminérgica
    Lo más adictivo no siempre es el consumo en sí, sino la expectativa del placer. Esa anticipación genera dopamina —el neurotransmisor del deseo— y ya está reforzando la conducta antes de que ocurra. Es un refuerzo anticipatorio que nos mantiene atrapados.

¿Qué dice la neurociencia?

Cuando imaginamos ese “último momento especial”, el sistema de recompensa del cerebro se activa. Liberamos dopamina simplemente por anticipar el placer. Esto refuerza la conducta compulsiva y hace que el “último” nunca sea suficiente. Siempre falta algo. Siempre hay un pretexto para intentarlo una vez más.

Y así, la decisión de cambiar se difumina en una cadena interminable de despedidas fallidas.


Un ejemplo desde SMART Recovery: la herramienta DEADS

SMART Recovery es un enfoque basado en evidencia que ofrece herramientas concretas para manejar este tipo de pensamientos. Una de ellas es la técnica DEADS, útil para momentos de duda o impulso:

Delay (Retrasa)
Escape (Aléjate)
Avoid (Evita el desencadenante)
Distract (Distráete con algo saludable)
Substitute (Sustituye con una alternativa positiva)

Imagina que sientes la tentación de planear ese “último consumo perfecto”:

  • Retrasa la decisión 30 minutos. No es “no lo haré”, es “lo pensaré después”.
  • Aléjate físicamente de ese lugar o persona que está asociada con el impulso.
  • Evita leer, ver o escuchar cosas que lo romantizan (como canciones, series, fotos).
  • Distráete con una actividad incompatible con el consumo (caminar, escribir, hablar con alguien).
  • Sustituye el ritual con algo significativo: una carta de despedida, un símbolo, una promesa en voz alta.

Este ejercicio no solo ayuda a no caer en la fantasía, sino que fortalece tu musculatura de autocontrol y decisión. Cambiar no es eliminar el impulso, es aprender a no actuar desde él.


¿Qué puedes hacer hoy?

  1. Desenmascara el pensamiento. Llama a la fantasía por su nombre: una trampa seductora que no te ha funcionado antes.
  2. Valida tus emociones sin actuar desde ellas. Es válido sentir tristeza por dejar algo atrás. No necesitas idealizarlo para honrar lo que significó.
  3. Crea un cierre consciente y no compulsivo. Escribir una carta, tener una conversación difícil, hacer un ritual simbólico que no implique repetir el patrón. El cierre real no necesita repetir el ciclo.
  4. Utiliza herramientas como DEADS, registros emocionales o distracción efectiva para surfear el momento vulnerable.

Una nueva narrativa

Cambiar no es esperar el momento perfecto, ni tener una despedida espectacular.
Cambiar es reconocer que el “momento perfecto” no existe, y aún así, dar el paso.

No necesitas una última vez especial.
Necesitas una primera vez valiente.
Una vez que diga: esta vez sí me elijo a mí.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *