Category: Recuperación

  • Autoaceptación y Estigma

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    El estigma que cada droga tiene cambia en el tiempo. Según el uso y cultura. Según la clase socioeconómica. El tabaco, por ejemplo, de ser una droga recomendada por médicos, terminó siendo la droga legal más rechazada. Ahora las compañías tabacaleras como PMI o JPI están cambiando su estrategia comercial y creando una imagen más positiva de sus productos. La mariguana también, de ser una droga ilegal en casi todo el mundo, ahora empieza a ser una alternativa al alcohol o, incluso al tabaco. Se ha vuelto una droga no sólo legal en muchos países o discrimnalizada a ser una droga como el tabaco antes, en ser promovida como un medicamento. Lo mismo está pasando ahora con los hongos alucinógenos o con la ketamina que se valoran ahora mucho por su potencial terapéutico.

    El abuso o la dependencia, son en esencia trastornos de conducta. Incluso en Estados Unidos la recuperación está cubierta por los seguros como muchos otros trastornos conductuales. De hecho, si sólo hubiera uso, las drogas posiblemente no serían un problema social relacionado con la ilegalidad o la criminalidad. Pero, curiosamente, el alcohol sigue siendo una de las drogas más utilizadas, aceptadas y dañinas. Accidentes de tráfico, de trabajo, violencia familiar, daños en la salud, entre muchos otros. A pesar de esto, en la televisión y el cine, cuando antes el cigarro se veía en casi todos lados, ahora es el alcohol el que se bebe para desestresarse, para festejar algún acontecimiento, para compartir con los amigos, entre muchas otras situaciones.

    ¿Por qué unas personas sólo usan y otras abusan o se vuelven dependientes?

    Ésa es la pregunta de los 100 millones.

    Y es una pregunta que no quiero responder aquí porque necesitaría estudiar y saber mucho más de lo que sé.

    Lo que sí me interesa responder, y de una manera subjetiva es de aquellas personas que abusan o dependen de alguna sustancia o comportamiento, ¿por qué algunas personas buscan recuperarse y de ésas, algunas mantienen una vida de abstinencia o moderación después?

    Lo primero que quiero aceptar abiertamente es que el consumo y la dependencia en sí, no las veo como problemáticas o como inmorales. El consumo, como expresé en este post, es neutro. Y veo tres tensiones que surgen del consumo. La primer tensión es entre el sujeto y la ley. La segunda tensión es entre el sujeto y su entorno familiar/social Y el tercero es intrasubjetivo.

    Dependiendo la situación de cada persona, alguna o todas esas tensiones de alguna manera pueden fungir como una motivación del cambio y en estas tensiones suele haber un costo beneficio de todas las partes para continuar, moderar o dejar el consumo o la conducta. Los tres actores tienen beneficios y costos.

    Sólo ver los costos del uso, abuso o dependencia es muy hipócrita. De ahí, es importante desarraigar el estigma. Ni las drogas ni las conductas adictivas son negativas en sí. Pregúntenle al dueño de un casino o de una licorería y al Gobierno que llena sus arcas de impuestos y pagos por corrupción. Pregunten en un grupo de Codependientes Anónimos si el consumo de un de una persona no tenía beneficios para sus familiares o seres cercanos.

    El estigma es hipocresía.

    En mi caso, cuando mi consumo fue el más oscuro, había profesores, adultos y seres queridos a mi lado y nadie, ni personas que podían y tenían los recursos, se acercaron a darme la mano. Si alguien decidió salir de donde estaba, claro con el apoyo de otros, no lo niego, fui yo. Y quien buscó ayuda y quien la pidió, fui yo. Y quien ha caminado estos 20 años buscando responder preguntas y abrir caminos he sido yo.

    Y aún así, aún sabiendo esto. Me cuesta mucho trabajo hablar de ello. Y sé que el autoestigma en mi caso es una carga muy pesada.

    Curiosamente, cuando estoy facilitando o atendiendo a una reunión, escuchando las historias de esfuerzo, de cambio y de transformación, sólo puedo sentir orgullo y agradecimiento por todos aquellos que participan y comparten. ¿Por qué me es tan difícil sentirme así para conmigo? Si me preguntaran sobre este participante o sobre la otra, yo me expresaría de manera muy positiva, observando las fortalezas, los retos que hayan logrado superar, Etc. Ahora que lo pienso, para mí es tan importante facilitar y acudir a los grupos porque de reflejo, recupero esa consideración que tengo hacia los demás.

    Si te encuentras en esta misma situación, una herramienta ideal para disminuir o eliminar el estigma es observar y cambiar las creencias irracionales que tenemos sobre nuestro consumo. Y no hacer caso a las creencias irracionales que tienen otros al respecto.

    Yo pienso que no debí haber empezado a consumir. Que debí haber pedido ayuda. Que no me debí haber arriesgado tanto.

    Antes, cuando acudía a otros programas, también pensaba que \”no era justo\” yo tener este problema o enfermedad.

    Al mismo tiempo, entre los meses y los años pasan, veo lo transformador que fue esa experiencia para mí. ¿Quién sería yo sin esa experiencia? ¿Qué estaría haciendo? La respuesta más sencilla es: tendría un mejor trabajo, no hubiera perdido esta o la otra posibilidad, no hubiera lastimado a mis seres queridos, no hubiera terminado en la cárcel, Etc.

    Pero pensando con más profundidad, también podría decir que no tendría tanto amor por la vida. Que no valoraría tanto a mis seres queridos. Que no valoraría tanto mi salud. Que no tendría una vida rica en muchos sentidos.

    Para dejar el estigma a un lado, me parece, es importante darnos cuenta de que sin haber iniciado ese camino \”negativo\” o de \”destrucción\”, tampoco hubiéramos podido valorar o desarrollar habilidades que tenemos hoy.

    Y es ahí desde donde me gustaría retomar mi historia, 20 años después (casi) de empezar. Soy una persona que no reconozco, no sería el mismo. Y hoy me acepto, tal cual soy, no sería ni mejor ni peor. Pero agradezco la experiencia, me asombro del camino y me llena de orgullo. Como a muchos otros que están a mi lado. Eso es lo más valioso.

  • ABC – DE

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    Famosa herramienta. ABC.

    Hace algunos meses estaba dando una sesión de Successful Life Skills a un grupo de adolescentes. Era justo la sesión donde explicábamos la herramienta ABC.

    A la mitad de la reunión, justo después de explicar la teoría detrás de la herramienta, dos participantes empiezan a pelear y a gritarse. Uno de ellos sale corriendo fuera de la sesión y, para ser muy sincero, no tenía idea qué podía hacer. Era una sesión en línea y por un momento pensé en terminar la sesión o que la coordinadora del lugar la cerraría. Pero de pronto vi que podíamos justamente utilizar la herramienta ABC para analizar qué pasó.

    Primero pensé que podríamos usar la herramienta para entender qué hizo que la persona reaccionara así. Pero me di cuenta que todo el grupo estaba harto de estas peleas, no era la primera. Y que se sentían en contra de su compañero o por lo menos hartos de él. Entonces cambié el ejercicio a que cada quien hiciera el ABC de lo que sintió en ese momento. Siendo el Evento Activador la pelea y su salida.

    Se volvió un ejercicio muy lindo, donde todos tuvieron la oportunidad de revisar sus creencias irracionales y sus emociones. Se sentían hartos, enojados, tristes, frustrados. Y se sentían así porque creían que él debía actuar de forma diferente. Pero al final nos dimos cuenta que era problema de él, y que estas creencias no servían de nada.

    Y como conclusión, ya terminando, todos empezamos a comentar experiencias donde nosotros estábamos en su lugar. Todos pudimos pensar y contar experiencias donde gritamos, nos peleamos y tenemos a todo el mundo harto. De una experiencia, que para mí como facilitador fue un traguito amargo, terminó siendo una sesión muy positiva.

    Lo que quisiera decir, en realidad, es que el ABC se puede usar en el momento. Cuando pasa algo en nuestra familia, cuando estamos experimentando la situación de estrés. No es sólo, como yo suelo pensar, una herramienta de tarea o para un momento de claridad y tranquilidad. Es cierto que el hecho de que yo fuera un externo ayudó mucho, pero pensemos que como padres, padrinos, facilitadores o compañeros podemos usar el ABC cuando alguien nos llama agitados y funciona.

    En otro aspecto, quisiera contar la historia contraria. Usar el ABC para darnos cuenta de cómo las creencias racionales o las nuevas creencias efectivas están funcionando.

    En otro grupo, éste con mujeres adultas. Platicamos de la herramienta, todas tenían muy claras sus creencias irracionales. No tuve que explicar mucho, son un grupo muy bueno, con mucha experiencia en doce pasos y mujeres que han sobrevivido situaciones muy difíciles de vida.

    La manera en que utilicé la herramienta en esta ocasión, fue escuchando sus nuevas creencias efectivas. Ya tenían muchas y para ellas era claro cómo estaban racionalizando sus nuevas conductas. Entonces pusimos el mismo evento activador, pero con la creencia racional, la nueva creencia efectiva y entre todas pudimos reforzar el por qué se sentían más tranquilas, más enfocadas y más motivadas. Porque ya estaban utilizando sus nuevas creencias.

    Este grupo me sorprende en especial porque entienden muy rápido los conceptos. Incluso una de ellas me preguntó si era el ejercicio de CBT. Me gustaría saber más qué es lo que hacen o han hecho previamente.

    Y por último. La otra forma de utilizar el ABC.

    Hacemos el ejercicio de ABC con las creencias efectivas y activadores nuevos. Nuevas cosas que nos hagan sentir riesgos y que las nuevas creencias efectivas, aunque racionales no son efectivas para ese momento. Entonces podemos crear nuevas creencias efectivas más adecuadas para cada momento. No es sólo cambiar el pensamiento a racional sino también ya cada vez más específicamente empoderarnos o crear un lenguaje racional o empoderado muy personal.

  • Cambio de prioridades

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    Como herramientas del Punto 1 de SMART Recovery utilizamos la escala de valores como también el plan de cambio. Generalmente, entre los valores que discutimos en las reuniones que he facilitado, están la salud, la familia, la recuperación, la asistencia a los grupos, la profesión. Es un ejercicio que uso bastante cuando entran personas nuevas, o cuando quiero reforzar las razones por las que estamos en recuperación. Ayuda mucho a unir al grupo, porque los valores y las historias que compartimos, generalmente son similares. Suelen ser sesiones muy emocionales.

    Por otro lado, la herramienta de plan de cambio, nos ayuda a enfocarnos más en lo práctico. Ahí las metas y objetivos son más individuales. Y es un reto poder centrar la conversación en el grupo, más bien se centra en dos o tres participantes. Me gusta mucho utilizar esta herramienta cuando alguien expresa cierto desánimo o desilusión sobre qué sigue. Ya llevo x meses de abstinencia, me siento mejor, PERO todavía hay muchas cosas que me afligen y no sé por dónde empezar.

    Cuando unimos estas dos herramienta surge una plática muy rica. El cambio de prioridades de vida. Recuerdo a Carlos (no es su nombre verdadero), que hizo, en el primer año, cambios sustanciales en su vida profesional porque trabajaba en un restorán y tanto el ambiente del trabajo como el acceso al alcohol eran desencadenantes de recaída.

    Antes de hacer este cambio, siempre expresaba los cambios en su vida matrimonial, la energía que dedicaba a mejorar su relación, tanto con su esposa como su hija. También su acercamiento a otros programas espirituales y a su comunidad religiosa. Claramente sus valores habían cambiado, su familia y espiritualidad estaban por encima del dinero y de su profesión. Entonces, aunque no lo habló en las sesiones, un día comentó que renunció a su trabajo y que fueron meses de mucha dificultad. No sólo económicamente sino también de no saber qué más hacer.

    Se le escuchaba ansioso, en algunas ocasiones nos contaba de tener ganas de consumir, estaba, podemos decir en riesgo. Pero lo hablaba, lo comentaba y más importante, sabía cómo salir de esas situaciones. Otra cosa que era muy importante es que en ese momento ya tenía una relación muy fuerte con su esposa e hijas, como también en su relación con su creencia espiritual.

    Vemos aquí cómo podemos usar tanto los valores como el plan de cambio para estructurar el cambio de prioridades de vida. Él empezó cambiando sus valores, pero no sus planes. Después, cambió sus planes y mantuvo sus valores. Los valores fueron una fuente de poder o un sustento para el cambio, una dirección. Como facilitador, si escucho a Carlos apesadumbrado o nervioso en una reunión, lo que hago es recordar su historia y la forma en que construyó sus cambios. Empiezo recordando sus valores y cómo a partir de ellos cambió sus planes. Esto ayuda mucho a los participantes a entender cómo las herramientas se unen.

    Ahora, vemos también en este ejemplo, que en su historia (y me siento cercano a su experiencia) tomó una decisión muy importante, el cambio de trabajo, que podía afectar a su familia, y a su abstinencia. No fue una decisión planeada, estructurada, simplemente dijo, tengo que salirme de mi trabajo. Esto, sin duda crea una tensión emocional fuerte, y un riesgo de recaída. Como facilitador yo tenía también me sentía con la oportunidad de comentar el por qué de su tensión, que la manera de hacer un cambio de vida brusco sin planeación (justo en lo que yo me siento cercano), puede crear un espacio de riesgo.

    Pero al mismo tiempo, con ese comentario, le refuerzo su valentía, su fortaleza y su capacidad intuitiva para tomar decisiones. No pensar tanto las cosas y confiar.

    Este mensaje me sirve por dos razones, para aquellos como él o como yo, que tomamos decisiones más viscerales, saber que podemos hacerlo, y que, en vez de sentirnos agobiados, podemos sentirnos confiados por nuestras capacidades. Y por otro lado, para quienes no quieren hacer este tipo de cambios bruscos, ayudarles a entender cómo unir las herramientas de valores y de plan de cambio.

    Para terminar. Utilizando estas dos herramientas juntas tenemos la oportunidad de hablar de cambio de prioridades, desde los valores pero hacia un plan más concreto. Puede ser a priori, alguien que lo use para planear o a posteriori, para ayudarle a alguien a entender cómo tomó sus decisiones en el pasado. En ambos casos, lo que estamos haciendo es reestructurando y fortaleciendo la experiencia del cambio.

    ¿Quieres utilizar las herramientas de jerarquía de valores y plan de cambio?

    Entra a: www.smartrecovery.org.es

  • El dolor y el placer

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    Un camino bien reconocido del uso al abuso y a la dependencia de alguna sustancia o de alguna conducta se experimenta de maneras muy distintas.

    En la primer etapa, el uso, solemos disfrutar nuestra sustancia o conducta. Empezamos a trabajar, tenemos más dinero. Nos liberamos de las reglas de las casas de nuestros padres o de otras autoridades. Esta libertad y dinero nos abre las puertas a disfrutar de cosas nuevas, a aventurarnos en comprarnos cosas, a tener más experiencias sexuales, a salir de fiesta, empezar a beber y a consumir drogas.

    En algunos programas he escuchado la frase: \”Cuando la sustancia/conducta me daba servicio\”. ¿Cuándo pasamos a la etapa de abuso? No creo que haya una línea clara entre el uso y el abuso, cada persona cruza esa línea donde se le empieza a dar más importancia a la sustancia/conducta que antes.

    Voy a utilizar el dolor y el placer como medidas para comprender cómo podemos experimentar estas etapa. La primera, el uso, podríamos decir que existe placer al usar, es un gusto cuando hay alcohol, drogas, apuestas o sexo. Nada pasa si no hay, pero si hay es un gusto, un placer. Posiblemente al inicio no hay consecuencias negativas. No gastamos de más, no tenemos resaca ni grandes arrepentimientos. Contamos las historias del uso como buenos recuerdos.

    Posiblemente la siguiente etapa, el abuso comienza cuando sentimos dolor o desagrado cuando no tenemos la oportunidad de consumir. Por ejemplo, ir a un lugar donde no se puede fumar, ir a una cena o fiesta sin poder beber. A una reunión donde se juegue pero no se apueste. Esta situaciones nos dejan de interesar a menos que exista nuestra sustancia.

    Después el dolor empieza no por si hay o no, sino por cuánto hay o por si sigue nuestras reglas de uso. ¿Cuánto apuestan? ¿Qué juegan? ¿Qué puedo comprar? ¿Tendré sexo y con quién? Empezamos a tener, no sólo el gusto por la sustancia sino por el ritual. Sin el ritual comenzamos a sentir dolor, desagrado. Pensando hacia el pasado, creo que ésta es la etapa donde más disfruté de la sustancia, donde todavía el ritual era importante.

    Cuando el ritual deja de ser placentero empieza una nueva etapa. Cada vez va tomando más fuerza el dolor de no consumir o de no poder hacer nuestra conducta. Recuerdo algunas reuniones entre amigos que antes disfrutaba sin beber y fumar. Después me encantaba ir ya sabiendo qué iba a beber, quién iba a estar, cuánto tiempo estaríamos ahí. Y meses después, antes de poder disfrutar, ya había bebido o llegaba a tomar unos tragos antes de iniciar el ritual.

    Como vemos el dolor de la abstinencia, de no consumir o como dice Allen Carr el pequeño monstruo requiere ser alimentado. La voz de la Bestia cada vez aumenta su volumen y nosotros la escuchamos más de lo que escuchamos o experimentamos la realidad.

    El abuso, ¿cuándo pasamos del abuso a la dependencia? Con el tabaco me es más fácil identificarlo. Y es sentir que no tengo cigarros a la mano. Simplemente el pensamiento de que no voy a tener la capacidad de consumir, usar o hacer en el momento en que yo quiera. Y no sólo eso, sino que tener también la opción de comprar o la libertad de hacer después de terminar con lo que tengo a la mano. Ahí empezó el comprar tres papeles de coca, porque no sabía si iba a querer más después de terminar. De hecho para mí el consumir solo se volvió la mejor opción porque, además de que no iba a compartir, podía continuar mi consumo sin necesidad de dar explicaciones o de sentirme juzgado o avergonzado.

    También, es posible que en ese momento de dependencia ya no sepa si mi depresión es causa o es razón de mi consumo. Al inicio, claramente una resaca o una deuda o una experiencia sexual avergonzante, sabemos claramente que se debe al consumo. Pero entre más avanzamos ya utilizamos la sustancia para quitarnos la resaca o para quitarnos la depresión o la vergüenza y entramos en un ciclo sin salida.

    Para mí el ciclo era entre más consumo, más culpa tenía, más depresión sentía y más necesitaba consumir para dejar de sentirlo.

    Allen Carr tiene un ejemplo muy bueno al respecto. De tener una comezón en la nariz y utilizar una crema que nos regala un familiar porque tiene buena fama. Después de usarla, nos sentimos mejor por un periodo de tiempo, pero después de unos días la comezón se convierte en un enrojecimiento de la piel. Usamos la pomada, nos cura durante unos días pero después vuelve con más fuerza. La historia finaliza con la noticia de que es la pomada la que empeora la condición, quitando sólo los síntomas superficiales durante un tiempo. Aquí la solución para quitar la comezón es la causa por la que ésta se vuelve peor, y ésta es la razón por la que que la usamos y…

    Seguramente otras personas viven momentos mucho peores que éstos. Yo tuve la suerte de poder iniciar la recuperación antes de perder la libertad, la salud o la vida. No quisiera profundizar en estas consecuencias porque no las he vivido personalmente y es un mundo más complejo.

    La razón por la que escribo esto es para dar una explicación de por qué no me parece útil la teoría de que la persona que sufre de adicciones es alguien que prefiere el placer a corto plazo y no el beneficio a largo plazo. En primer lugar me parece un comentario moralista en el que, como casi siempre, inundamos al sujeto con cierta falta de carácter o de madurez. Y, bien. La razón por la que hacemos, como sociedad, una gran cantidad de cosas es por el placer o bienestar a corto plazo. La razón por la que Google o Apple son las empresas con más poder económico es justamente porque sus servicios nos ofrecen placer en el corto plazo. ¿Quiere eso decir que todas las personas que consumen sus servicios o que van a un restorán de Fast Food son inmaduras y faltas de carácter?

    En esta ecuación del placer a corto plazo, no se ve el dolor a corto plazo. En mi caso y si vemos la progresión de la enfermedad de la adicción, la experimentación del dolor es muy importante. ¿Qué droga o conducta adictiva no tiene a la par una gran cantidad de dolor junto a ella? ¿Es eso inmadurez o falta de carácter? ¿No es lo que predican los atletas de alto desempeño? ¿No pain, no gain?

    Mi punto es, que la enfermedad de la adicción no es totalmente un trastorno del ciclo de recompensa. Es también una búsqueda del dolor o de la destrucción. Por lo menos en mí, justo antes de iniciar mi etapa de abuso, me cortaba los brazos antes de dormir. Dejé de hacerlo cuando empecé a fumar mariguana antes de dormir mientras escuchaba Radiohead o a Charlie Bird.

    Otra cosa que no me encanta es hablar de recuperación. Eso quiere decir que antes estábamos bien, que estamos recuperando algo del pasado. Las preguntas de qué quieres recuperar y de qué te quieres recuperar que vienen en el SLS de SMART Recovery, están asociadas al pasado, a lo que perdiste o a lo que estás sufriendo. Esto también es similar a la diferenciación que se hace en los doces pasos de las personas \”normales\” o los \”normies\” y \”nosotros los alcohólicos\”. A veces escuchamos esta frase con un tono de soberbia por parte de las personas que sufren la adicción, de ser mejores o de tener una vida más difícil. O, de víctimas. Siempre me pregunto, ¿quién es normal? ¿Qué no vemos el sufrimiento de otros, muchas veces mayor que el nuestro aunque no sufran de este trastorno o condición?

    Me gustaría más pensar en la recuperación como la conclusión de un entrenamiento o como una competencia. Puedo pensar en la recuperación como escalar una montaña. Es posible que lo necesites hacer para salvar tu vida pero también puedes verlo como una hazaña, algo que haces simplemente por el gusto de crecer, cambiar y, por lo menos en mi caso, de ayudar. No es recuperación, ni sanación… es un camino espiritual, como dicen los Doces Pasos? ¿Quién querría seguir los Doce Pasos si no tuvieras una situación de vida y muerte? Creo que, como me decía un terapeuta, poca gente lo hace.

    Parece que nos quitamos el crédito de querer cambiar y transformar nuestra vida.

    Las historias de boxeadores que vienen de la pobreza, por ejemplo, y resurgen como grandes atletas, ¿lo hicieron sólo porque eso les quedaba? O porque se comprometieron con ellos mismos, porque querían superarse.

    Tener un problema de adicción o de salud mental, no supone que quieras cambiarlo.

    Yo no me estoy recuperando y no necesariamente quiero recuperar algo sólo por haber tenido un problema de adicción en el pasado. Quiero recuperar cosas de mi pasado, porque como cualquier otra persona, posiblemente he perdido la esperanza e inocencia de mi niñez. O porque todavía, con cuarenta años, tengo mucho por hacer y por querer vivir. No es por haber \”perdido\” años en el consumo. Es porque quiero hacerlo. No sólo puedo hacerlo, como dice SMART Recovery, sino que quiero, más allá de toda experiencia con la sustancia.

    Ahora, por experiencia, sé que el consumo o la conducta me impiden este crecimiento. Y por eso decido dejarlo. No es al revés.

  • Trabajar la aceptación incondicional

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    Me compré hace unos meses un libro sobre psicología budista. Lo escribe un psicólogo y, me parece, otro psicólogo pero que ha pasado muchos años de su vida en un monasterio budista. El libro está dividido en dos partes, la primera es sobre el budismo y la segunda es sobre la teoría y actividades de la terapia …

    En la primer parte, viene un capítulo sobre las emociones. Describen cuatro emociones básicas según uno de los maestros o de las corrientes budistas. Por supuesto, existen muchas otras formas de explicarlo y seguramente otras teorías, pero para este texto voy a poner en práctica la que ellos proponen.

    Las cuatro emociones surgen cuando la quinta emoción está activa. Esta quinta emoción nace del no darnos cuenta de que somos uno con el Universo, o de que no existe división entre nosotros y los demás, o de que el \”yo\” no existe.

    A partir de esa división entre el \”yo\” y el \”otro\” nacen las otras cuatro emociones:

    1. La envidia
    2. El deseo
    3. La ira
    4. La soberbia

    Del sánscrito al alemán y del alemán al español seguramente habrá muchos errores de traducción y no me atrevo a definir exactamente cada uno de estos conceptos. Pero sí podemos hacer un ejercicio didáctico que nos puede ayudar a analizar nuestros pensamientos irracionales, nuestras distorsiones cognitivas y con ello también hacer nuestro 4-5 paso de AA.

    Vamos a retomar también la idea de la aceptación incondicional para explicar esto. Según el libro, la quinta emoción es la división entre el yo y el otro. Yo puedo entender que no aceptar incondicionalmente o radicalmente la realidad, tiene el mismo impacto. Porque estamos pensando que las cosas son o deberían ser diferentes a como son. Es decir, aceptamos con condiciones. Esto es así, siempre y cuando… le convenga a mi \”yo\” o mi \”yo\” participe de alguna manera. Le pongo condiciones, meto a mi \”yo\” en la conversación.

    Bueno entonces, jijijiijij.

    Voy a regresar un poco a las 4 emociones, para explicar que los veo como los cuatro puntos cardinales. Envidia es sentirme inferior (abajo), la soberbia es sentirme superior (arriba), el deseo es adquirir algo (hacia adentro) y el enojo es destruir o alejar algo (hacia afuera). Es como si hubiera 4 tipos de energía, una que aplasta, una que es aplastada, otra que atrae y otra que rechaza. Como 4 tipos de movimientos. A ver si logro hacerlo un poco más concreto.

    Vayamos a las cuatro emociones básicas. Si nosotros aceptamos de manera condicional la realidad vamos a tener cuatro posibilidades:

    1. La envidia: Si alguien tiene algo que yo quiero, no me quedo satisfecho.
    2. El deseo: Si yo no tengo o logro cierta cosa, no acepto la realidad.
    3. El enojo: Si no destruyo o alejo cierta cosa, no acepto.
    4. La soberbia: Si yo no sobresalgo o soy mejor que los demás, no acepto.

    Está interesante esto. ¿Qué significa, no acepto? ¿No me quedo tranquilo? Podríamos poner ejemplos más precisos, a ver:

    1. Envidia: Juan tiene un mejor trabajo que yo, es más exitoso. Eso es aceptar las cosas tal cual son. Tal vez es un poco subjetivo, podríamos decir, Juan gana más dinero que yo. Juan tiene un coche más nuevo que yo.

    Hasta ahí, tal vez en el budismo ya con eso es suficiente, con hacer la observación. En la teoría cognitivo conductual o racional emotivo conductual, esto es sólo una observación racional. La tensión emocional surge cuando no aceptamos esa realidad, cuando queremos cambiarla:

    1. Envidia: Juan gana más dinero que yo, y… eso me hace sentir menos valioso.
    2. Envidia: Juan tiene un coche más nuevo que el mío y… yo debería tener uno igual.
    3. Envidia: Juan gana más dinero que yo y… yo trabajo más… eso no es justo.

    Entonces la aceptación radical entonces tiene dos componentes, el primero es hacer una observación, como lo hacemos con la meditación: estoy sintiendo esto, estoy pensando esto. Y la segunda es aceptarlo, no reaccionar a ello. Como cuando leemos un libro y aceptamos lo que leemos. No reaccionamos, no cambiamos los personajes, no rompemos la hoja, simplemente leemos.

    Cuando no aceptamos las cosas puede deberse a dos situaciones. A que no hagamos la observación, o a que reaccionemos o queramos cambiar esa observación. En la meditación el equivalente sería no mantener la atención consciente y la segunda sería mantener la atención pero queriendo cambiar las cosas que atendemos.

    Punto importante. Para aceptar las cosas de manera incondicional, primero necesitamos verlas, hablarlas, escucharlas, vivirlas, experimentarlas. No puedo aceptar aquello que no conozco. Como siempre volvemos al awarness.

    En segundo lugar, tenemos los cuatro movimientos irracionales, o las cuatro energías irracionales:

    1. Envidia: Me siento menos, me siento aplastado por algo. Nos sentimos menos.
    2. Soberbia: Me siento más, siento que aplasto. Me siento más.
    3. Deseo: Algo me hace falta, necesito algo, quiero algo. Me siento vacío.
    4. Ira: Algo me molesta, algo me sobra. Me siento en peligro.

    A partir de ahí vienen diferentes acciones. Si me siento menos, puedo enojarme porque me siento en peligro… entonces todas estas emociones se juntan y entrelazan. Nos sirve de manera didáctica encontrar una que surja de un evento activador y que genere cierta consecuencia emocional. Y la creencia irracional estaría relacionada con alguna de las 4 emociones. Tu creencia en este sentido es: ¿Te sientes menos? ¿Te sientes más? ¿Sientes que algo te falta? ¿Sientes que algo te molesta, te pone en peligro?

    Ah, mira. Nos dice el ABC en SLS que empecemos con la consecuencia emocional y luego vayamos a A y B. En B podríamos hacer preguntas, ¿qué piensas de lo que está pasando? Qué sientes y qué piensas… en sí el activador, creencia y consecuencia emocional parecen uno.

    ¿Son realmente tres cosas diferentes ABC o es una cosa, una experiencia? Depende de cómo lo veamos. Si lo vemos racionalmente podemos separarlo, pero si lo vemos a través de la experiencia, es una cosa. X sucede.

    En ambos casos, podemos recurrir a una nueva creencia o a un nuevo resultado. Si lo vemos con los triggers y urges, con las estrategias para evitarlos, ahí el segundo paso, la experiencia es más relevante. El instinto. Porque no estamos pensando de manera racional. Pero cuando pasa el evento, o si este pasa sin estar nosotros activos emocionalmente, entonces podemos hacer el ABC.

    Al final, el ABC nos ayuda a crear nuevas creencias y a hacerlas automáticas. Podemos hacerlas sin pasar por el ABC. O ver hacia atrás y entenderlas.

    Ok.

    El ejercicio del ABC puede empezar con las nuevas creencias efectivas. ¿Qué nuevas creencias efectivas tienes ahora? X, y o z. Relacionadas con la envidia, deseo, ira o soberbia.

    Cuando te sientes menos que alguien, ¿cuál es ahora tu creencia? ¿Cuando te sientes más que otros qué piensas ahora? ¿Cuando sientes que necesitas destruir o alejar algo de ti, qué piensas? ¿Cuando ves algo que deseas y que no tienes, qué haces?

    En el budismo la creencia efectiva no es relevante porque el enfoque es hacia la aceptación. Mientras que las creencias racionales o irracionales sí están ligadas hacia un objetivo, hacia una meta. Por ejemplo, si siento envidia, y pienso/creo que yo debería tener lo que el otro tiene, me siento mal, triste, frustrado, enojado y eso me repercute negativamente hacia mi objetivo. Si siento envidia, pero pienso/creo si esta persona tiene esto y yo no, eso no quiere decir que yo valga menos. Y ahora puedo ver que si yo deseo lo mismo, puedo trabajar para lograrlo.

    Dentro de estos pensamientos estoy recordando la palabra responsabilidad, la habilidad de responder. Es decir, el trabajo. Cualquiera de estas emociones se puede desanimar con la aceptación incondicional sólo observando y aceptando. Pero también con la acción que nos lleva al trabajo. El infierno es quedarnos a la mitad, ni lo acepto ni busco cambiarlo de manera responsable, utilizando mi habilidad para responder. Aquí viene otro punto más. Puedo trabajar para ello, pero a través de mis conductas criminales. Que son sin tomar en cuenta los derechos del otro.

    Para terminar.

    Si queremos fortalecer la aceptación incondicional tenemos varios caminos.

    1. Sólo observar la realidad, nuestros pensamientos y emociones. Y dejar fluir. El monje.
    2. Observar y después analizar con un ABC y disputar creencias. El pensador.
    3. Observar y después analizar con un ABC de creencias nuevas. El experimentador.
    4. No observar, sólo experimentar y vivir las consecuencias. ¿Te arrepientes de algo? No. El psicópata.
  • La Ciencia, mi Poder Superior

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    Sin duda el programa de Alcohólicos Anónimos es uno de los recursos más comunes y populares para la recuperación de adicciones. A pesar de haber sido muy religioso y creyente durante mi juventud, cuando estaba en recuperación no pensaba mucho en ello.

    La única salida que conocía en ese momento eran los doce pasos y la palabra Dios estaba en casi todos ellos. Pero un compañero me recordaba que yo podía escoger y podía diseñar el Dios que yo quisiera. Me dio una libertad profunda. Al principio mi Poder Superior era mi grupo, mi manera de meditar y de rezar era yendo al grupo. Abriendo mi mente a nuevas experiencias.

    Después de 10 años en AA conocí otros programas y perspectivas. La reducción del daño, la terapia racional emotiva conductual, la cognitiva conductual, la dialéctica cognitiva conductual… SMART Recovery, LifeRing, terapeutas especializados, psicoanálisis. Me certifiqué como coach de recuperación. Y entendí por fin el Dios que me guio durante mi recuperación. Mi Dios era la Ciencia. Y cada uno de los pasos cobró un sentido diferente. Seguían siendo una guía para mi recuperación, todos seguían siendo válidos, incluso cuando la Ciencia era mi Dios y parecía contrario a los principios de AA.

    Mi camino hacia un estudio más científico y riguroso del consumo y las conductas adictivas me llevaron hacia una pregunta existencial. ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero de la vida? ¿Qué misterios no puede responder la ciencia?

    Al final, ningún Dios o Poder Superior responden todas las preguntas de la vida. Pero mientras me den claridad, motivación y confianza, no importa el nombre que les dé o no importa a qué tipo de grupo vaya o de ayuda reciba, todo suma.

    La recuperación es un camino totalmente personal. Existen tantas historias y formas de recuperarse como personas en recuperación. Respetar los caminos de los otros, aprender de ellos y poder hablar abiertamente de mi experiencia sin querer convencer o de criticar, me ha fortalecido y mantenido en mi camino.

  • Un plan de vida

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    Después de 5 años de recuperación mi vida dio un vuelco. Me mudé de país, perdí a mi pareja, mi trabajo y mi salud. Tuve la suerte de no recaer con la sustancia, pero me sentía casi igual de mal emocionalmente y no sabía qué hacer.

    En los primeros años el enfoque era dejar de consumir, y eso fue suficiente. Con los años, aprendí que además de la abstinencia, se requería seguir trabajando la fortaleza y tener más herramientas para afrontar los problemas de la vida. Tuve una fuerte depresión de varios años. Acudí a terapia, me apoyé en la psiquiatría. Poco a poco empecé nuevamente a ver la luz.

    También comencé a ir a los grupos y ser voluntario, facilitar reuniones, apoyar a otros. Me hice voluntario en una asociación protectora de animales y todos los sábados me ocupaba en cuidar y alimentar gatos. Rescaté un perro y dos gatos. Todavía seguía frustrado profesional y económicamente, pero tuve paciencia y salí adelante.

    Ahora, viendo hacia atrás, me doy cuenta que tener un plan de vida es ir más allá de sólo mantener la abstinencia. Tener metas, objetivos, planes. Un propósito. Cada 5 o 6 años reviso mis metas, hago cambios, reviso mis aprendizajes y vuelvo mi mirada hacia el futuro para seguir creciendo y floreciendo.

  • Una nueva libertad

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    Recuerdo los primeros días de abstinencia. Pasé una semana encerrado en mi casa por el miedo de consumir. La única actividad que tenía era la lectura y acudir a mis reuniones. La desintoxicación de mi sustancia de elección fue dura, no podía dormir, sentía que mi cabeza iba a explotar y sólo pensaba en la satisfacción del siguiente trago.

    La segunda fue más fácil, volví a la escuela, aún con miedo y con la cabeza hecha un nudo. Casi no hablaba, no podía escuchar ni poner atención. Pero volvía a mis reuniones y empecé poco a poco a dormir mejor. Para distraerme caminaba horas por la calle y mi cuerpo empezó a sentirse más activo.  Después de algunas semanas, mi mente estaba clara y me sorprendía cómo podía prestar más atención, entender mejor las cosas.

    Y por fin sucedió algo maravilloso, empecé a disfrutar mis cafés de la mañana. A conversar con mis compañeros. En vez de ir a consumir, iba al cine todas las tardes y veía dos o tres películas. Leía, escribía. Mi vida empezaba a cambiar.

    El miedo se transformó en confianza. Y empecé a saborear una nueva libertad.

  • Aprender a decir no y decir sí.

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    Empecé mi recuperación diciendo que no. No a la sustancia, no a mis amistades de consumo, no a mis peleas constantes con mis familiares. Y eso me ayudó a poner ciertos límites. Sin duda me ayudó al inicio a manejar mis impulsos y enfocar mis esfuerzos.

    Después de algunos meses me di cuenta que eso no era suficiente. Ya había puesto límites y no me sentía en riesgo de recaer. Pero también me sentía aislado, frustrado y hasta depresivo. Entendí que además de decir “no” a la sustancia, también era importante decir “sí” a la vida, a la recuperación.

    Decir sí a nuevas amistades, a nuevas actividades, a nuevas aventuras. Poner límites es muy importante, pero también ampliar mis límites me da una vida nueva. Mi vida en consumo se había vuelto pequeña, pero mi recuperación me ayudó a vivir mis valores con plenitud. Disfrutar a mi familia, mejorar mi salud, equilibrar mis finanzas personales, fortalecer mi espiritualidad y conocerme más.