Category: Autoreflexiones

  • Recuperando mi historia

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    Hay un antes y un después de la recuperación. O tal vez, un antes y un después de la abstinencia.

    ¿Es la recuperación ahora, mi única historia?

    En uno de los grupos que más tiempo estuve, y en el que más amigos de vida conocí, había un padrino que agradecía haber consumido y llegado a recuperación porque eso le hizo conocer a una persona nueva, que antes no hubiera conocido. Él perdió su trabajo, su familia, casi su vida y cuando lo conocí era una persona disciplinada, trabajadora, sensata, confiable y muy amorosa. Un hombre de 45-50 años muy fuerte, ni alto ni bajo. Tardaba más de hora y media en llegar a la reunión desde su trabajo pero no faltaba. Le gustaban los coches rápidos y las motocicletas. Llegó a tanto su cercanía al grupo que chocó en su moto a medio camino.

    En ese entonces había abierto un nuevo negocio y tenía una novia mucho más joven que él, y con quien llevaba una buena relación. Todavía recuerdo saludarlo, siempre sonriente, mirando a los ojos, siempre apoyando a quien se lo pidiera.

    No tuve la oportunidad de conocerlo antes de iniciar su recuperación. Aunque puedo imaginar un poco cómo era antes. Seguramente muy trabajador, enfocado en el éxito, el dinero, en su profesión. En ser impecable, perfecto casi. ¿Pero habrá sido también ese hombre cercano, tranquilo y comprometido con los demás? ¿Habrá sido el hombre sonriente que yo conocí? ¿Por qué decía que había encontrado a su verdadero \”yo\”?

    En estos últimos años me he preguntado quién sería yo y cómo sería mi vida si no hubiera consumido tanto cuando joven. Si, en vez de consumir, hubiera ido al psicólogo o al psiquiatra para lidiar con mi depresión y mi ansiedad. Con mi incapacidad de llevar la vida sin alguna droga. Surgió esta plática hace unos meses en una reunión y de manera nostálgica todos empezamos a platicar lo que perdimos. Lo que hubiera sido. Las oportunidades que hubiéramos tenido.

    ¿Será el hubiera también una forma de pensamiento irracional? ¿Realmente nuestra vida sería mejor?

    Posiblemente sí, pero tal vez no.

    Otro compañero siempre muy participativo, expresaba la recuperación como la búsqueda de SU verdad. Del verdadero Jorge (no es su nombre). Me gustaba mucho cómo se expresaba y compartía tan fervorosamente su camino.

    Si no pensara yo en el \”hubiera\”, y si pensara, como decía mi compañero en este nuevo Javier que no existiría o en este buscar mi verdadero ser. ¿Cómo contar mi historia con autoaceptación? Algo que ahora me puse a pensar es en no dividir mi vida en antes y después de la recuperación. Contarla como un hilo continuo congruente. Y cómo contar el consumo también como una \”búsqueda\” como una experiencia de la que, después de algún tiempo, quise transformar.

    Yo tuve un infancia muy buena, amorosa, cuidada, divertida. En realidad, de manera objetiva no tengo nada de qué quejarme. Pero cuando vuelvo la mirada hacia el pasado, lo primero que recuerdo son cosas oscuras o angustiosas.

    De mis recuerdos como niño, pocos son de alegría o juego. Recuerdo más bien momentos oscuros, como el \”hoyo del diablo\” en el arenero. O la casa misteriosa de una amiga del maternal con ascendencia japonesa. De ver a mi prima menor con unos fierros en las piernas que le ayudaban a enderezarlas. De peleas y conflictos en el maternal con los otros niños. De disfrutar, eso sí, el tiempo solo jugando en el changuero antes de que mis compañeros llegaran. Del sótano en la casa de uno de mis mejores amigos de la primaria donde jugábamos horas sin que nadie nos molestara. De la visita del padre de un amigo sospechoso, disruptor de nuestro juego, que no podía entrar a la casa. Me acuerdo de los escondites en el jardín de mi abuela. Del asombro que me generaban los insectos, en especial los escarabajo. De pasar tiempo a solas en el rancho de unos primos viendo a las vacas comer y cagar. A los borregos balar asustadizos y las palomas volar en los viejos techos de la bodega.

    También tengo muchos recuerdos de ansiedad en la escuela, de no entender a los maestros. O de temerles. De robar junto con mis compañeros el dinero de los más grandes mientras ellos jugaban basketball. Recuerdo el olor de las coladeras cuando me hacían limpiarlas por haberme portado mal en clase. Otro recuerdo lindo, ahora que los hilo, eran las clases de trabajos manuales, en las que pasaba muchas horas también solo haciendo figuras de barro o de madera.

    Para recordar aquellos momentos felices, necesito más tiempo. Detenerme y pensar realmente. Y, eso, como decía antes, a pesar de que tuve muchos.

    Durante mi consumo tengo muchísimos recuerdos de borracheras, de ir a comprar drogas, de consumir éter en la clase de biología, de escaparme por unas cervezas a la cantina \”La Curva\” y terminar borracho con mis amigos. De escuchar jazz y Radiohead en la noche después de un porro y quedarme dormido con los audífonos. De cortarme los brazos y esperar que no quedaran manchadas las sábanas con sangre. De discusiones donde no me detenía hasta tener razón. De fumar y tomar café durante horas con mi mejor amiga. De emborracharme en las fiestas de quince años de mis amigas y de las amigas de mi novia.

    Y después, durante los años más oscuros de mi consumo, recuerdo la soledad, la desesperación. Sintiendo que caminaba sobre hielo, nunca sabiendo cuándo ni dónde me iba a caer. Disfruté mucho, eso sí, los años que estuve estudiando sociología. No tomé ni un solo apunte, pero escuchaba las clases de Historia de Latinoamérica, de ciencia política, de teoría de la sociología y antropología. Me abrió un mundo entero. Conocí también un México distinto, de la Universidad Pública, personas realmente apasionadas por su trabajo y por la justicia social. Los admiraba mucho. Y también la pasamos bien, fumando porros y tomando aguardiente León después de clases en el estacionamiento, todos los viernes religiosamente.

    Pensándolo de esta manera, encuentro un Javier que, tanto consumió como también tenía una vida rica, algo oscura y solitaria, pero de descubrimiento constante. De prueba, de desafío. Sigo siendo así. Y esta característica me ha metido en muchos problemas, no sólo en lo relacionado a la adicción, sino en muchas áreas de mi vida y en muchos otros momentos, pero también es una parte de mí que aprecio y me ha dado experiencias verdaderamente positivas.

    En la familia de mi madre hay historia de depresión crónica y de bipolaridad. ¿Es ésta fijación por lo oscuro, lo arriesgado y lo desafiante, un síntoma o una característica de personalidad? Es posible.

    Hay un sueño, una pesadilla, que tenía durante mis noches de fiebre cuando era niño. Que subía una escalera que nunca terminaba. Veía una puerta abierta al final pero nunca llegaba. Era curioso porque era un sueño en blanco y negro. Hace algunos años, tal vez 5 o 6, lo comenté con mi psicoanalista y volví a tener ese sueño, sólo que en vez de caminar hacia arriba, volteaba hacia la izquierda y entraba por otra puerta. En ese momento el sueño se volvió colorido. Como si la escalera fuera este estado depresivo donde no hay salida, no hay color. Y la salida fuera otra. Y esa salida tal vez, es la que he estado buscando durante años. Y ahí está, posiblemente viva en muchos momentos en esa vida y no me dé cuenta.

    Es verdad, sin embargo, que cuando inicié mi recuperación tuve experiencias que recuerdo con mucha luz. Sí, era una persona solitaria. Pasaba muchísimas horas solo, casi no tuve amigos excepto los de la escuela y los del grupo de AA. Y mi vecina de 75 años que me invitaba a cenar y a conversar. Y sí empecé a sociabilizar más después, a abrirme más. A relajarme, a disfrutar. Sí es verdad, que después de mi abstinencia la oscuridad en mi memoria se aleja.

    Y me pregunto si también puedo reconstruir los recuerdos de mi infancia con todo lo positivo que sucedió. Por alguna razón siento miedo, sólo de pensarlo. Pero también puede ser que lo vea con miedo porque en mi infancia veo muchas características de mi experiencia en la adicción. Casi queriendo rechazar al niño que terminó en ese camino, y no verme como un niño con muchas otras experiencias y las drogas como una más. Durante mi consumo me sucedieron muchísimas cosas buenas. Si dejé las drogas no fue porque todo estuviera mal, sino porque llegó un momento en que ya no podía avanzar, ni pensar ni sentir. Y necesité transformarme. Como en muchas ocasiones después. De otras formas y por otros motivos, pero son muy similares mis etapas de oscuridad y aislamiento, y las etapas de lucidez y socialización. Como si fueran oleajes, mareas. Pero, al fin, son el mismo mar, la misma playa.

  • Locus de control – Hula Hoop

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    El libro Successful Life Skills hace énfasis en fortalecer el Locus de Control Interno de los participantes de las sesiones. Este concepto nos dice que existen dos maneras de percibir el mundo. De manera general, las personas que tienen un Locus de Control Interno piensan que los resultados de sus esfuerzos o acciones tienen una repercusión importante en el logro de sus metas.

    Por ejemplo, alguien con LOC interno piensa que si estudia mucho para una prueba, las probabilidades de tener una buena calificación son mayores que si no se esfuerza. Por el contrario, una persona con LOC externo culpará al profesor o al clima o a haber dormido poco o a cualquier otra circunstancia externa sobre su desempeño.

    El objetivo de SMART es entrenar a los individuos en la autogestión. Es decir, en fortalecer la capacidad o, por lo menos, la percepción de que somos capaces de retomar el control de nuestro consumo y, por lo tanto de nuestra vida. ¿Cómo vamos a lograrlo? Según la TREC de Albert Ellis lo haremos modificando nuestras creencias irracionales y nuestros sesgos cognitivos, por creencias racionales.

    En el post anterior hablé de la herramienta ABC, una de las más utilizadas para reconocer y cambiar las creencias irracionales.

    Partiendo de esta afirmación, de que nosotros somos capaces en mayor medida de manejar nuestra vida o de obtener las cosas que queremos de la vida, es, sin duda muy valioso. Y es una de las corrientes de desarrollo personal que han influenciado muchas áreas de la vida y del trabajo.

    Para profundizar en esto, en SMART Recovery utilizamos un texto o herramienta llamada el Hula Hoop. Nuestro LOC se encuentra dentro del Hula Hoop, es decir, nuestros pensamientos, emociones y conductas. Fuera del Hula Hoop se encuentran las demás personas y yendo más lejos la economía mundial. Podemos hacer otra distinción, las cosas que nuestro Hula Hoop toca, son áreas de la vida en las que podemos influir. Por ejemplo, no podemos cambiar a las personas, pero sí podemos tener cierta influencia en ellas. Podemos negociar, poner límites, comunicarnos de forma asertiva, Etc.

    Hay dos textos muy bonitos sobre comunicación asertiva y límites en el libro de familiares y amigos. Justo toca este tema, de cómo influir y llevarnos con los demás. Vale mucho la pena comprar este libro.

    Cuando nos damos cuenta del impacto que podemos hacer en nuestra vida, y también en la de los demás, desarrollando un locus de control interno más fuerte, dejamos de tenerle mido a la vida.

    Recuerdo un participante, Ernesto (no es su nombre real), que sufrió un momento de impulsos por recaer muy fuertes. A pesar de ello, pudo salir adelante con las herramientas que tenía a la mano. Habló con su terapeuta o su padrino, se alejó de donde estaba, y, en la noche, acudió a la reunión donde nos contó su experiencia.

    En momento así, me siento responsable y más atento a las cosas que digo. Él comenzó diciendo que las herramientas de SMART no le habían ayudado en ese momento. Sin duda esto me causó a mí el normal pensamiento irracional de \”todos van a pensar que SMART no sirve\” y de \”debiste haberlas usado bien\”. Me calmé, lo dejé hablar y volví al punto dos, cómo lidiar con nuestros impulsos. Expliqué que las herramientas del punto tres como el ABC, cambio de vocabulario, Etc. es muy difícil, sino imposible utilizarlas en momentos de alta tensión emocional, justamente porque nuestro cerebro no está en un momento en el que podrá procesar de manera racional la situación.

    Entonces leímos el texto de las estrategias para disminuir los impulsos, el DEADS y las 14 estrategias avanzadas, si recuerdo bien. Utilicé su ejemplo para revisar qué había hecho bien, y cómo sí había utilizado (yo defendiendo el programa de SMART) estas estrategias.

    No sólo lo dije para defender el programa (cuando estoy facilitando me siento en la obligación y el deber, sí, pensamientos irracionales, de defender el programa y las herramientas), pero bueno, no sólo lo dije para defender el programa sino también para reforzar que había salido adelante de una situación crítica. Y tomé ejemplos de otro compañero, Carlos, del que hablé en posts anteriores, de cómo también lo había hecho. Varias personas pudieron abrirse y compartir sobre su impulsos y también sobre sus recaídas. Fue una sesión muy linda.

    De cualquier manera, yo me quedé pensando mucho en Ernesto. Suelo preocuparme después de las sesiones por los participantes, esperando que no recaigan, lo veo como una falta mía. Es parte de seguir madurando como facilitador y entender que no soy responsable, pero que sin duda puedo sentir preocupación o tristeza si llegara a pasar.

    La razón por la que traigo a cuenta este ejemplo, es porque entre las cosas que comentó, dijo algo que resonó en otro compañero: \”Si estos impulsos me siguen sucediendo, no sé si pueda soportarlo\”.

    En ese momento no respondí pensando en el LOC interno, pero me parece que pudo haber sido una buena herramienta para usar en esa sesión. Podemos pensar que esa situación constante de impulsos va a ser insoportable, más fuerte que nosotros, es decir un locus de control externo. O, por otro lado, pensar que cada vez que sobrevivamos o superemos un evento así, seremos más fuertes para el siguiente. Y entender también, creo que este pensamiento es normal, que los impulsos aún después de muchos años, pueden volver. Pero que estaremos preparados. Que podremos soportarlos y conquistarlos.

    Otro punto aquí importante, es que entre más tiempo pase, si mantenemos nuestra práctica de las herramientas o mantenemos nuestro pensamiento racional activo, entonces estos impulsos podremos solucionarlos de manera más tranquila. Mientras que si olvidamos esta práctica, porque eso es, una práctica, estos impulsos serán muy emocionales y los percibiremos como intolerables.

    Para terminar, quisiera decir que estuve pensando en cómo cuando estaba en consumo, o tal vez antes incluso, dejé de estudiar como hacía de más joven. Curiosamente dejé de estudiar y me iba mejor en la escuela. Por otro lado, en otras cosas, como el atletismo donde sí veía un resultado gracias a mis esfuerzos, lo dejé. Pero había otras cosas también, como dar clases, en las que me esforzaba y tomaba en serio y además me gustaban. Y no dejé de hacerlas. O como teatro.

    Es verdad que no puedo controlar todo, al tiempo que es verdad que si me esfuerzo puedo mejorar mis resultados. Algo que no tomé en cuenta en ese momento, que posiblemente sea ahora algo más relevante es sentirme bien conmigo mismo. Sí, tal vez no me importaba mucho el atletismo aunque me gustaba ganar. Pero lo que sí me gustaba que era el teatro y la docencia, la psicología, me conformé con lo que me salía de manera natural.

    La reflexión que hago ahora es. Por un lado sí esforzarme en estos trabajos o esfuerzos físicos, no vienen nada mal y me gusta ganar y competir, pero que tampoco es mi centro de vida, es algo que disfruto. Entonces, si me esfuerzo un poco más, me dará mucho gusto. En mi LOC interno está mi disciplina y la manera de lograrla.

    Por otro lado, también algo que aprendí es que estudiar no es un problema grande para mí, que requiero poner atención pero tampoco estudiar mucho y que suelo tener buenas calificaciones. No tenerle miedo a emprender ahí. Ahí en mi LOC interno está mi ambición profesional, lograr una maestría o una certificación. He visto la importancia de tener títulos y me da miedo fallar, pero saber que sí puedo hacerlo

    Y por último, creo que lo más valioso en este momento para mí, es que hay cosas que disfruto, me son fáciles y que por alguna razón son justo las cosas en las que peor me siento, más vulnerable y más avergonzado cuando fallo. Y me acostumbro a no arriesgarme, subir mi nivel y por otro lado a tener la disciplina. Las dos cosas que veía arriba.

    En otro post seguiré hablando de esto. Haré algunos ejercicios de ABC, tal vez incluso de otras herramientas trabajando estos ejemplos.

  • Autoaceptación y Estigma

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    El estigma que cada droga tiene cambia en el tiempo. Según el uso y cultura. Según la clase socioeconómica. El tabaco, por ejemplo, de ser una droga recomendada por médicos, terminó siendo la droga legal más rechazada. Ahora las compañías tabacaleras como PMI o JPI están cambiando su estrategia comercial y creando una imagen más positiva de sus productos. La mariguana también, de ser una droga ilegal en casi todo el mundo, ahora empieza a ser una alternativa al alcohol o, incluso al tabaco. Se ha vuelto una droga no sólo legal en muchos países o discrimnalizada a ser una droga como el tabaco antes, en ser promovida como un medicamento. Lo mismo está pasando ahora con los hongos alucinógenos o con la ketamina que se valoran ahora mucho por su potencial terapéutico.

    El abuso o la dependencia, son en esencia trastornos de conducta. Incluso en Estados Unidos la recuperación está cubierta por los seguros como muchos otros trastornos conductuales. De hecho, si sólo hubiera uso, las drogas posiblemente no serían un problema social relacionado con la ilegalidad o la criminalidad. Pero, curiosamente, el alcohol sigue siendo una de las drogas más utilizadas, aceptadas y dañinas. Accidentes de tráfico, de trabajo, violencia familiar, daños en la salud, entre muchos otros. A pesar de esto, en la televisión y el cine, cuando antes el cigarro se veía en casi todos lados, ahora es el alcohol el que se bebe para desestresarse, para festejar algún acontecimiento, para compartir con los amigos, entre muchas otras situaciones.

    ¿Por qué unas personas sólo usan y otras abusan o se vuelven dependientes?

    Ésa es la pregunta de los 100 millones.

    Y es una pregunta que no quiero responder aquí porque necesitaría estudiar y saber mucho más de lo que sé.

    Lo que sí me interesa responder, y de una manera subjetiva es de aquellas personas que abusan o dependen de alguna sustancia o comportamiento, ¿por qué algunas personas buscan recuperarse y de ésas, algunas mantienen una vida de abstinencia o moderación después?

    Lo primero que quiero aceptar abiertamente es que el consumo y la dependencia en sí, no las veo como problemáticas o como inmorales. El consumo, como expresé en este post, es neutro. Y veo tres tensiones que surgen del consumo. La primer tensión es entre el sujeto y la ley. La segunda tensión es entre el sujeto y su entorno familiar/social Y el tercero es intrasubjetivo.

    Dependiendo la situación de cada persona, alguna o todas esas tensiones de alguna manera pueden fungir como una motivación del cambio y en estas tensiones suele haber un costo beneficio de todas las partes para continuar, moderar o dejar el consumo o la conducta. Los tres actores tienen beneficios y costos.

    Sólo ver los costos del uso, abuso o dependencia es muy hipócrita. De ahí, es importante desarraigar el estigma. Ni las drogas ni las conductas adictivas son negativas en sí. Pregúntenle al dueño de un casino o de una licorería y al Gobierno que llena sus arcas de impuestos y pagos por corrupción. Pregunten en un grupo de Codependientes Anónimos si el consumo de un de una persona no tenía beneficios para sus familiares o seres cercanos.

    El estigma es hipocresía.

    En mi caso, cuando mi consumo fue el más oscuro, había profesores, adultos y seres queridos a mi lado y nadie, ni personas que podían y tenían los recursos, se acercaron a darme la mano. Si alguien decidió salir de donde estaba, claro con el apoyo de otros, no lo niego, fui yo. Y quien buscó ayuda y quien la pidió, fui yo. Y quien ha caminado estos 20 años buscando responder preguntas y abrir caminos he sido yo.

    Y aún así, aún sabiendo esto. Me cuesta mucho trabajo hablar de ello. Y sé que el autoestigma en mi caso es una carga muy pesada.

    Curiosamente, cuando estoy facilitando o atendiendo a una reunión, escuchando las historias de esfuerzo, de cambio y de transformación, sólo puedo sentir orgullo y agradecimiento por todos aquellos que participan y comparten. ¿Por qué me es tan difícil sentirme así para conmigo? Si me preguntaran sobre este participante o sobre la otra, yo me expresaría de manera muy positiva, observando las fortalezas, los retos que hayan logrado superar, Etc. Ahora que lo pienso, para mí es tan importante facilitar y acudir a los grupos porque de reflejo, recupero esa consideración que tengo hacia los demás.

    Si te encuentras en esta misma situación, una herramienta ideal para disminuir o eliminar el estigma es observar y cambiar las creencias irracionales que tenemos sobre nuestro consumo. Y no hacer caso a las creencias irracionales que tienen otros al respecto.

    Yo pienso que no debí haber empezado a consumir. Que debí haber pedido ayuda. Que no me debí haber arriesgado tanto.

    Antes, cuando acudía a otros programas, también pensaba que \”no era justo\” yo tener este problema o enfermedad.

    Al mismo tiempo, entre los meses y los años pasan, veo lo transformador que fue esa experiencia para mí. ¿Quién sería yo sin esa experiencia? ¿Qué estaría haciendo? La respuesta más sencilla es: tendría un mejor trabajo, no hubiera perdido esta o la otra posibilidad, no hubiera lastimado a mis seres queridos, no hubiera terminado en la cárcel, Etc.

    Pero pensando con más profundidad, también podría decir que no tendría tanto amor por la vida. Que no valoraría tanto a mis seres queridos. Que no valoraría tanto mi salud. Que no tendría una vida rica en muchos sentidos.

    Para dejar el estigma a un lado, me parece, es importante darnos cuenta de que sin haber iniciado ese camino \”negativo\” o de \”destrucción\”, tampoco hubiéramos podido valorar o desarrollar habilidades que tenemos hoy.

    Y es ahí desde donde me gustaría retomar mi historia, 20 años después (casi) de empezar. Soy una persona que no reconozco, no sería el mismo. Y hoy me acepto, tal cual soy, no sería ni mejor ni peor. Pero agradezco la experiencia, me asombro del camino y me llena de orgullo. Como a muchos otros que están a mi lado. Eso es lo más valioso.

  • Trabajar la aceptación incondicional

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    Me compré hace unos meses un libro sobre psicología budista. Lo escribe un psicólogo y, me parece, otro psicólogo pero que ha pasado muchos años de su vida en un monasterio budista. El libro está dividido en dos partes, la primera es sobre el budismo y la segunda es sobre la teoría y actividades de la terapia …

    En la primer parte, viene un capítulo sobre las emociones. Describen cuatro emociones básicas según uno de los maestros o de las corrientes budistas. Por supuesto, existen muchas otras formas de explicarlo y seguramente otras teorías, pero para este texto voy a poner en práctica la que ellos proponen.

    Las cuatro emociones surgen cuando la quinta emoción está activa. Esta quinta emoción nace del no darnos cuenta de que somos uno con el Universo, o de que no existe división entre nosotros y los demás, o de que el \”yo\” no existe.

    A partir de esa división entre el \”yo\” y el \”otro\” nacen las otras cuatro emociones:

    1. La envidia
    2. El deseo
    3. La ira
    4. La soberbia

    Del sánscrito al alemán y del alemán al español seguramente habrá muchos errores de traducción y no me atrevo a definir exactamente cada uno de estos conceptos. Pero sí podemos hacer un ejercicio didáctico que nos puede ayudar a analizar nuestros pensamientos irracionales, nuestras distorsiones cognitivas y con ello también hacer nuestro 4-5 paso de AA.

    Vamos a retomar también la idea de la aceptación incondicional para explicar esto. Según el libro, la quinta emoción es la división entre el yo y el otro. Yo puedo entender que no aceptar incondicionalmente o radicalmente la realidad, tiene el mismo impacto. Porque estamos pensando que las cosas son o deberían ser diferentes a como son. Es decir, aceptamos con condiciones. Esto es así, siempre y cuando… le convenga a mi \”yo\” o mi \”yo\” participe de alguna manera. Le pongo condiciones, meto a mi \”yo\” en la conversación.

    Bueno entonces, jijijiijij.

    Voy a regresar un poco a las 4 emociones, para explicar que los veo como los cuatro puntos cardinales. Envidia es sentirme inferior (abajo), la soberbia es sentirme superior (arriba), el deseo es adquirir algo (hacia adentro) y el enojo es destruir o alejar algo (hacia afuera). Es como si hubiera 4 tipos de energía, una que aplasta, una que es aplastada, otra que atrae y otra que rechaza. Como 4 tipos de movimientos. A ver si logro hacerlo un poco más concreto.

    Vayamos a las cuatro emociones básicas. Si nosotros aceptamos de manera condicional la realidad vamos a tener cuatro posibilidades:

    1. La envidia: Si alguien tiene algo que yo quiero, no me quedo satisfecho.
    2. El deseo: Si yo no tengo o logro cierta cosa, no acepto la realidad.
    3. El enojo: Si no destruyo o alejo cierta cosa, no acepto.
    4. La soberbia: Si yo no sobresalgo o soy mejor que los demás, no acepto.

    Está interesante esto. ¿Qué significa, no acepto? ¿No me quedo tranquilo? Podríamos poner ejemplos más precisos, a ver:

    1. Envidia: Juan tiene un mejor trabajo que yo, es más exitoso. Eso es aceptar las cosas tal cual son. Tal vez es un poco subjetivo, podríamos decir, Juan gana más dinero que yo. Juan tiene un coche más nuevo que yo.

    Hasta ahí, tal vez en el budismo ya con eso es suficiente, con hacer la observación. En la teoría cognitivo conductual o racional emotivo conductual, esto es sólo una observación racional. La tensión emocional surge cuando no aceptamos esa realidad, cuando queremos cambiarla:

    1. Envidia: Juan gana más dinero que yo, y… eso me hace sentir menos valioso.
    2. Envidia: Juan tiene un coche más nuevo que el mío y… yo debería tener uno igual.
    3. Envidia: Juan gana más dinero que yo y… yo trabajo más… eso no es justo.

    Entonces la aceptación radical entonces tiene dos componentes, el primero es hacer una observación, como lo hacemos con la meditación: estoy sintiendo esto, estoy pensando esto. Y la segunda es aceptarlo, no reaccionar a ello. Como cuando leemos un libro y aceptamos lo que leemos. No reaccionamos, no cambiamos los personajes, no rompemos la hoja, simplemente leemos.

    Cuando no aceptamos las cosas puede deberse a dos situaciones. A que no hagamos la observación, o a que reaccionemos o queramos cambiar esa observación. En la meditación el equivalente sería no mantener la atención consciente y la segunda sería mantener la atención pero queriendo cambiar las cosas que atendemos.

    Punto importante. Para aceptar las cosas de manera incondicional, primero necesitamos verlas, hablarlas, escucharlas, vivirlas, experimentarlas. No puedo aceptar aquello que no conozco. Como siempre volvemos al awarness.

    En segundo lugar, tenemos los cuatro movimientos irracionales, o las cuatro energías irracionales:

    1. Envidia: Me siento menos, me siento aplastado por algo. Nos sentimos menos.
    2. Soberbia: Me siento más, siento que aplasto. Me siento más.
    3. Deseo: Algo me hace falta, necesito algo, quiero algo. Me siento vacío.
    4. Ira: Algo me molesta, algo me sobra. Me siento en peligro.

    A partir de ahí vienen diferentes acciones. Si me siento menos, puedo enojarme porque me siento en peligro… entonces todas estas emociones se juntan y entrelazan. Nos sirve de manera didáctica encontrar una que surja de un evento activador y que genere cierta consecuencia emocional. Y la creencia irracional estaría relacionada con alguna de las 4 emociones. Tu creencia en este sentido es: ¿Te sientes menos? ¿Te sientes más? ¿Sientes que algo te falta? ¿Sientes que algo te molesta, te pone en peligro?

    Ah, mira. Nos dice el ABC en SLS que empecemos con la consecuencia emocional y luego vayamos a A y B. En B podríamos hacer preguntas, ¿qué piensas de lo que está pasando? Qué sientes y qué piensas… en sí el activador, creencia y consecuencia emocional parecen uno.

    ¿Son realmente tres cosas diferentes ABC o es una cosa, una experiencia? Depende de cómo lo veamos. Si lo vemos racionalmente podemos separarlo, pero si lo vemos a través de la experiencia, es una cosa. X sucede.

    En ambos casos, podemos recurrir a una nueva creencia o a un nuevo resultado. Si lo vemos con los triggers y urges, con las estrategias para evitarlos, ahí el segundo paso, la experiencia es más relevante. El instinto. Porque no estamos pensando de manera racional. Pero cuando pasa el evento, o si este pasa sin estar nosotros activos emocionalmente, entonces podemos hacer el ABC.

    Al final, el ABC nos ayuda a crear nuevas creencias y a hacerlas automáticas. Podemos hacerlas sin pasar por el ABC. O ver hacia atrás y entenderlas.

    Ok.

    El ejercicio del ABC puede empezar con las nuevas creencias efectivas. ¿Qué nuevas creencias efectivas tienes ahora? X, y o z. Relacionadas con la envidia, deseo, ira o soberbia.

    Cuando te sientes menos que alguien, ¿cuál es ahora tu creencia? ¿Cuando te sientes más que otros qué piensas ahora? ¿Cuando sientes que necesitas destruir o alejar algo de ti, qué piensas? ¿Cuando ves algo que deseas y que no tienes, qué haces?

    En el budismo la creencia efectiva no es relevante porque el enfoque es hacia la aceptación. Mientras que las creencias racionales o irracionales sí están ligadas hacia un objetivo, hacia una meta. Por ejemplo, si siento envidia, y pienso/creo que yo debería tener lo que el otro tiene, me siento mal, triste, frustrado, enojado y eso me repercute negativamente hacia mi objetivo. Si siento envidia, pero pienso/creo si esta persona tiene esto y yo no, eso no quiere decir que yo valga menos. Y ahora puedo ver que si yo deseo lo mismo, puedo trabajar para lograrlo.

    Dentro de estos pensamientos estoy recordando la palabra responsabilidad, la habilidad de responder. Es decir, el trabajo. Cualquiera de estas emociones se puede desanimar con la aceptación incondicional sólo observando y aceptando. Pero también con la acción que nos lleva al trabajo. El infierno es quedarnos a la mitad, ni lo acepto ni busco cambiarlo de manera responsable, utilizando mi habilidad para responder. Aquí viene otro punto más. Puedo trabajar para ello, pero a través de mis conductas criminales. Que son sin tomar en cuenta los derechos del otro.

    Para terminar.

    Si queremos fortalecer la aceptación incondicional tenemos varios caminos.

    1. Sólo observar la realidad, nuestros pensamientos y emociones. Y dejar fluir. El monje.
    2. Observar y después analizar con un ABC y disputar creencias. El pensador.
    3. Observar y después analizar con un ABC de creencias nuevas. El experimentador.
    4. No observar, sólo experimentar y vivir las consecuencias. ¿Te arrepientes de algo? No. El psicópata.
  • Por la libre

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    Durante mi consumo perdí mi individualidad. Mi libertad, por supuesto, algún tiempo después. ¿Cómo puedo hoy aprender de ello?

    Mi consumo empezó en la adolescencia, como el consumo de muchas personas. Sin embargo, muy pronto se volvió excesivo y problemático. Como decía una compañera, yo era funcional pero mi vida era un caos. Era funcional en el caos de mi vida.

    En ese momento de mi vida también estaba teniendo un crecimiento, una madurez en otros aspectos que pocas veces recuerdo. Especialmente no las recuerdo o no las quiero recordar porque tienen que ver con mi vida espiritual y yo llegué a confundir o a ligar mi vida espiritual con la sustancia, especialmente con la mariguana. Y sí, debo decir que logré cierto acercamiento o experiencia espiritual diferente con ella. Pero algo que no me daba la mariguana era ese momento de compartir.

    En el último año que fui a misiones en Oaxaca, en vez de pasar el último día con mis compañeros, me fui a fumar mota con otro amigo y a beber y terminamos en una plaza dormidos bajo el sol. Deshidratados, mariguanos con mala hierba (no porque la marihuana sea una hierba mala, sino porque de verdad estaba mala). Y Oaxaca se convirtió en ese lugar mío de alejarme de todo, de no hacer nada.

    La diferencia entonces, o donde se cruzaron los caminos fue cuando cambié una espiritualidad compartida, alegre, por una experiencia solitaria introspectiva. Más allá de la crítica moral que puedo hacer sobre la espiritualidad con la mariguana como no siendo espiritual, que ahora es obvia. En ese momento no lo era. Porque era una experiencia interior similar.

    Pero, PERO, jajaja. Ahora puedo verlo. La gran diferencia fue el alejarme de los demás, de los demás con los que compartía esa espiritualidad. Y sí había algunas personas que consumían, y de forma más tranquila.

    Pero es lo mismo que con la primer cerveza. Simplemente me quería alejar. Esa mezcla de culpa y de váyanse a la mierda. Y la sensación física… sí es muy poderosa, y era muy poderosa en ese entonces, más que cualquier otra conexión. Lo más cercano que conocía eran los sueño, pero era como soñar despierto.

    Y soñar sigue siendo un camino de crecimiento personal muy fuerte. Hurgo en los sueños por respuestas, por luz, me ayudan a cuestionar físicamente mis pensamientos. Digo físicamente porque son como cuadros, como recuerdos, como imágenes claras de mis pensamientos, más turbios y nebulosos.

    En los sueños veo.

    ¿Será ésa una señal? Como si soñar fuera tan real, tan placentero que quisiera estar ahí. Vivir ahí. ¿Es eso un yo inmaduro? ¿Es eso ir al Ello para alejarse del Superyó?

    Bueno, no sé.

    La pregunta del inicio. ¿Cómo puedo manejar ese aprendizaje al momento en que estoy viviendo? Sí, me he clavado mucho en mis sueños, a veces me vuelvo a dormir para terminarlos o terminar de organizarlos. Existe ahí cierto camino, ciertas respuestas que después uso durante el día. Pero es verdad que son como hurgarme el ombligo. Después, durante el día no tienen mucha expresión. Es más bien como leer una novela o ver una serie de televisión.

    Aunque… sí me da guías yo diría espirituales para crecer. Aunque no se reflejen en el exterior, sí hay reflejo en el interior. Se reordena algo. Es como si en esos momentos mi cerebro se reconectara y se volviera más congruente.

    Entonces, sí. Valoraré el sueño y la escritura y la lectura. Son parte de mi crecimiento y desarrollo interior. Son novelas de mis pensamientos. Cuentos. Historias de mis símbolos. Son lecturas de cartas de tarot.

    Los sueños son el bosque de la carretera libre. Los caminos de terracería que me llevan a otros lugares desconocidos. Pero no son los que me llevan al final de la carretera.

    Ahora, ir por la libre, de forma más integral. Pensando en…

    Voy a hacer una pausa aquí. Algo que me distanció de la espiritualidad en el momento de mi adolescencia fue la incongruencia que vi entre la religión y Dios. No supe racionalizarla. Y en vez de negociar, de hablarla, me aislé.

    Pensando en… que el camino espiritual sí es uno de congruencia interna y puedo decir que se expresa a través de los sueños. Cuando se completa en el mundo de la vigilia es a través del servicio, de la conexión. Y entonces veo los dos polos y el espacio enorme entre ellos que no logro juntar.

    Por un lado los sueños, en su mundo. La interiorización, la meditación, la experimentación con alcohol y mariguana. Y por otro lado, el lado luminoso, el del servicio, el del contacto humano, el de la conexión con los demás.

    Así como en los sueños mis pensamientos se vuelven congruentes con mis emociones y mi conciencia. Así encontrar un puente en la realidad entre mis sueños y la conexión profunda que alguna vez viví en la religión.

    Cuando pienso que dar capacitación es el puente, me veo en el lugar del catequista. Enseñando algo en lo que no creo. O yéndome hacia el lado de hacer voluntariado totalmente sumiso, viviendo de la aprobación pero manteniendo mi conexión.

    Ahora, cuando pienso en el futuro. En ese nuevo puente, ¿cómo es?

    Congruencia. Voy a dar talleres, sí. Pero a mi manera. Los que he dado con KPMG por qué los considero más congruentes conmigo. Porque trabajo con la persona, con sus recursos, no vengo a darles la clase. Neuro-Craft por qué es importante. Por la misma razón. Y, también porque me puedo mostrar vulnerable, puedo decir este soy, esto hago, esto todavía no hago. Así me siento hoy. Transparencia.

    No avergonzarme de quien soy. Tampoco contar toda mi vida en todos lados pero sí dejar de sentirme culpable.

    Eso es lo más cercano a dar catecismo. Pero hablar más bien del desarrollo personal e individual.

    Por otro lado, si nos vamos al lugar de los sueños, del tarot, de la oscuridad. Sí es un lugar más oscuro que me da cierto miedo tocar. ¿Es el lenguaje de AA? ¿Es más bien ahí mi terapia? Un camino donde yo me reconecto conmigo.

    Y un paso antes de eso, estarían mis talleres más personales de resiliencia, por ejemplo. O tal vez, ésos son. Neuro-Craft de resiliencia, y cómo la he manejado. Ahí es donde más vulnerable me siento pero también donde tengo herramientas para hacerlo. Ahí, más que la vulnerabilidad de sigo aprendiendo, está la certeza de esto he aprendido. De soy un superviviente. De la superioridad que hablaba el horóscopo.

    Y ambas cosas se entrelazan. Se equilibran. Y se unen, tanto a mi superyó como a mi ello.

    Y ahí estoy en la libre. Entre la tensión de llegar a un lugar, de cumplir una meta pero al mismo tiempo de conocer el territorio, de tomarlo tranquilo, de disfrutar el viaje. De conectar.

    Bien.

    Entonces qué hago con lo que tengo. Porque sigo sintiendo que no estoy en ningún lugar. Cómo ser yo o por lo menos sentir que soy yo esté donde esté.

    ¿Cuál es el centro? ¿Cuál es la aceptación, mi yo, mis valores…?

    Tal vez, la pregunta más sencilla, sea: ¿Cuál es mi voz? Si pudiera escribir todo desde una misma voz, ¿cuál sería?

    Esa pregunta la dejo para mañana.