Author: javiersalas.e@gmail.com

  • La Ciencia, mi Poder Superior

    \"\"
    Photo by Pixabay on Pexels.com

    Sin duda el programa de Alcohólicos Anónimos es uno de los recursos más comunes y populares para la recuperación de adicciones. A pesar de haber sido muy religioso y creyente durante mi juventud, cuando estaba en recuperación no pensaba mucho en ello.

    La única salida que conocía en ese momento eran los doce pasos y la palabra Dios estaba en casi todos ellos. Pero un compañero me recordaba que yo podía escoger y podía diseñar el Dios que yo quisiera. Me dio una libertad profunda. Al principio mi Poder Superior era mi grupo, mi manera de meditar y de rezar era yendo al grupo. Abriendo mi mente a nuevas experiencias.

    Después de 10 años en AA conocí otros programas y perspectivas. La reducción del daño, la terapia racional emotiva conductual, la cognitiva conductual, la dialéctica cognitiva conductual… SMART Recovery, LifeRing, terapeutas especializados, psicoanálisis. Me certifiqué como coach de recuperación. Y entendí por fin el Dios que me guio durante mi recuperación. Mi Dios era la Ciencia. Y cada uno de los pasos cobró un sentido diferente. Seguían siendo una guía para mi recuperación, todos seguían siendo válidos, incluso cuando la Ciencia era mi Dios y parecía contrario a los principios de AA.

    Mi camino hacia un estudio más científico y riguroso del consumo y las conductas adictivas me llevaron hacia una pregunta existencial. ¿Quién soy yo? ¿Qué quiero de la vida? ¿Qué misterios no puede responder la ciencia?

    Al final, ningún Dios o Poder Superior responden todas las preguntas de la vida. Pero mientras me den claridad, motivación y confianza, no importa el nombre que les dé o no importa a qué tipo de grupo vaya o de ayuda reciba, todo suma.

    La recuperación es un camino totalmente personal. Existen tantas historias y formas de recuperarse como personas en recuperación. Respetar los caminos de los otros, aprender de ellos y poder hablar abiertamente de mi experiencia sin querer convencer o de criticar, me ha fortalecido y mantenido en mi camino.

  • Un plan de vida

    \"\"
    Photo by Gu00fcl Iu015fu0131k on Pexels.com

    Después de 5 años de recuperación mi vida dio un vuelco. Me mudé de país, perdí a mi pareja, mi trabajo y mi salud. Tuve la suerte de no recaer con la sustancia, pero me sentía casi igual de mal emocionalmente y no sabía qué hacer.

    En los primeros años el enfoque era dejar de consumir, y eso fue suficiente. Con los años, aprendí que además de la abstinencia, se requería seguir trabajando la fortaleza y tener más herramientas para afrontar los problemas de la vida. Tuve una fuerte depresión de varios años. Acudí a terapia, me apoyé en la psiquiatría. Poco a poco empecé nuevamente a ver la luz.

    También comencé a ir a los grupos y ser voluntario, facilitar reuniones, apoyar a otros. Me hice voluntario en una asociación protectora de animales y todos los sábados me ocupaba en cuidar y alimentar gatos. Rescaté un perro y dos gatos. Todavía seguía frustrado profesional y económicamente, pero tuve paciencia y salí adelante.

    Ahora, viendo hacia atrás, me doy cuenta que tener un plan de vida es ir más allá de sólo mantener la abstinencia. Tener metas, objetivos, planes. Un propósito. Cada 5 o 6 años reviso mis metas, hago cambios, reviso mis aprendizajes y vuelvo mi mirada hacia el futuro para seguir creciendo y floreciendo.

  • Una nueva libertad

    \"\"
    Photo by Belle Co on Pexels.com

    Recuerdo los primeros días de abstinencia. Pasé una semana encerrado en mi casa por el miedo de consumir. La única actividad que tenía era la lectura y acudir a mis reuniones. La desintoxicación de mi sustancia de elección fue dura, no podía dormir, sentía que mi cabeza iba a explotar y sólo pensaba en la satisfacción del siguiente trago.

    La segunda fue más fácil, volví a la escuela, aún con miedo y con la cabeza hecha un nudo. Casi no hablaba, no podía escuchar ni poner atención. Pero volvía a mis reuniones y empecé poco a poco a dormir mejor. Para distraerme caminaba horas por la calle y mi cuerpo empezó a sentirse más activo.  Después de algunas semanas, mi mente estaba clara y me sorprendía cómo podía prestar más atención, entender mejor las cosas.

    Y por fin sucedió algo maravilloso, empecé a disfrutar mis cafés de la mañana. A conversar con mis compañeros. En vez de ir a consumir, iba al cine todas las tardes y veía dos o tres películas. Leía, escribía. Mi vida empezaba a cambiar.

    El miedo se transformó en confianza. Y empecé a saborear una nueva libertad.

  • Aprender a decir no y decir sí.

    \"\"
    Photo by Ayswarya Aish on Pexels.com

    Empecé mi recuperación diciendo que no. No a la sustancia, no a mis amistades de consumo, no a mis peleas constantes con mis familiares. Y eso me ayudó a poner ciertos límites. Sin duda me ayudó al inicio a manejar mis impulsos y enfocar mis esfuerzos.

    Después de algunos meses me di cuenta que eso no era suficiente. Ya había puesto límites y no me sentía en riesgo de recaer. Pero también me sentía aislado, frustrado y hasta depresivo. Entendí que además de decir “no” a la sustancia, también era importante decir “sí” a la vida, a la recuperación.

    Decir sí a nuevas amistades, a nuevas actividades, a nuevas aventuras. Poner límites es muy importante, pero también ampliar mis límites me da una vida nueva. Mi vida en consumo se había vuelto pequeña, pero mi recuperación me ayudó a vivir mis valores con plenitud. Disfrutar a mi familia, mejorar mi salud, equilibrar mis finanzas personales, fortalecer mi espiritualidad y conocerme más.