Author: javiersalas.e@gmail.com

  • Avanzar con miedo: el valor de seguir creyendo en mí

    \"\"

    Buscar trabajo después de haber perdido el mío por el consumo ha sido un camino lleno de miedo. Miedo al rechazo, miedo a no ser suficiente, miedo a escuchar un “no” más. En estos últimos seis meses he tenido entrevistas, trabajos temporales, intentos que no cuajaron… y muchas veces pensé en rendirme.

    Lo curioso es que el miedo no se fue. Sigo sintiéndolo cada vez que me presento a una entrevista. Pero algo sí ha cambiado: ahora actúo a pesar del miedo. No espero a que desaparezca para moverme, camino con él a mi lado.

    Y eso me ha transformado. Poco a poco he aprendido a recibir críticas sin derrumbarme, a escuchar lo que otros piensan de mí, a adaptarme y mejorar. Antes las críticas me parecían una amenaza; hoy las veo como información que me ayuda a crecer.

    Ayer tuve una entrevista que me gustó mucho. Me sentí más seguro, más abierto. ¿Tengo garantizado ese empleo? No. Pero salí confiando más en mí, no porque el miedo hubiera desaparecido, sino porque lo enfrenté y lo atravesé.

    Entendí que la confianza no llega “cuando ya no tienes miedo”, sino cuando decides actuar con miedo y todo.


    Herramientas de SMART Recovery que ayudan en este proceso

    • ABC de la conducta: observar qué situaciones me generan miedo (A), cómo respondo (B) y qué consecuencias siguen (C). Eso me da claridad para mejorar.
    • DISARM: cuando la voz interna dice “mejor no lo intentes, vas a fracasar”, responder con: “cada entrevista me fortalece, gane o no el trabajo”.
    • Autoobservación: anotar después de cada entrevista qué hice bien, qué aprendí y cómo me sentí.
    • Paciencia activa: recordar que la búsqueda de trabajo es un proceso de pasos pequeños, no de un salto perfecto.
  • Exigirnos menos: la nueva forma de crecer

    \"\"

    Hay días en que me descubro trabajando desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche, y aun así la voz en mi cabeza insiste: “no hiciste suficiente, te faltó ejercicio, no comiste bien, la casa está desordenada”. Esa voz no se calla ni aunque lo haya dado todo.

    Durante mucho tiempo pensé que la solución era organizarme más para hacer más. Hasta que me di cuenta de que eso solo alimentaba el mismo ciclo de agotamiento y frustración. Lo que realmente necesito es algo distinto: organizarme para hacerme la vida más fácil, no más dura.

    Me exigía cocinar como en casa de mi madre, pero ella tenía otra realidad: no trabajaba y había cocinera. O tener la casa tan impecable como mis padres, pero ellos tenían ayuda doméstica. Compararme con esos estándares era una receta para el fracaso.

    Lo mismo me pasa con el trabajo y con la vida personal: siempre poniéndome exámenes imposibles de aprobar. Y lo más duro es que esa voz crítica que antes dirigía hacia los demás (“ellos hacen todo mal”), ahora la dirijo hacia mí mismo.

    El cambio que estoy aprendiendo es este: ya no se trata de pelear con los demás ni conmigo mismo, sino de volverme mi propio aliado. Reconocer que estoy agotado no es un signo de debilidad, es una llamada de atención: descansar también es avanzar.

    Herramientas de SMART Recovery que ayudan en este camino

    • Reframing: cuando la mente dice “no hiciste suficiente”, responder “hoy fue suficiente para hoy”.
    • Diario de gratitud y logros: anotar cada noche tres cosas que sí logré o agradezco, por pequeñas que sean.
    • Balance de expectativas: recordar que mis recursos y mis circunstancias son distintos a los de mi familia o a los de otros; mi vida tiene que ser posible, no perfecta.
    • Autocompasión como hábito: tratarme como trataría a un buen amigo, no como a un enemigo al que critico todo el tiempo.

    En resumen

    La recuperación —y la vida misma— no se trata de hacer más, sino de hacernos la vida más vivible. Y a veces eso empieza con un gesto tan sencillo como aceptar una siesta, simplificar el desayuno o cerrar el día con la frase: “Hoy fui suficiente.”

  • Cuando los días se nublan: cómo prevenir recaídas

    \"\"

    Durante mi consumo hice cosas que hoy me parecen horribles, actos que nunca volvería a repetir estando sobrio. Sin embargo, en aquel momento me parecían “geniales”: arriesgar mi vida por ir a “conectar”, casi perder mi libertad transportando sustancias y topándome con la policía, manejar intoxicado, mentir, robar, dejar de lado a las personas que amaba. Incluso pasar tiempo con gente que en realidad me disgustaba, solo porque compartíamos el consumo como vínculo.

    La mente no se recupera rápido de ese tipo de conductas. Después de tantos años en ese ciclo, noto que a veces, incluso ahora en sobriedad, lo que me da felicidad puede volverse soso o desagradable. Es como si mi cerebro me jugara una trampa: “eso no es lo que quieres, lo que quieres es otra cosa”. En esos momentos siento que el pasado quiere arrastrarme hacia atrás.

    Estos son los días nublados. No siempre son tormenta, pero sí son riesgosos. Porque es ahí donde aparece la desilusión, la depresión o la tentación de recaer.

    La diferencia es que hoy tengo herramientas. Y en mi caso, las encuentro en SMART Recovery. Algunas que me ayudan especialmente son:

    • DEADS (Delay, Escape, Accept, Dispute, Substitute): cuando la urgencia aparece, sé que no tengo que actuar de inmediato; puedo esperar, cambiar de lugar, aceptar la incomodidad, discutir la idea irracional y sustituir la conducta por algo más saludable.
    • Cambio de enfoque (Reframing): recordar que los “días nublados” son parte del proceso, no una señal de fracaso.
    • Diario de gratitud y logros: para reconectarme con lo que sí me nutre y con todo lo que he avanzado.
    • Apoyo mutuo: hablar con otras personas en recuperación cuando la mente insiste en recordarme “lo que perdí” en vez de “lo que estoy construyendo”.

    Porque la verdad es esta: las nubes pasan. Y cada vez que logro atravesar un día nublado sin recaer, mi recuperación se fortalece.

  • El día que decidí no volver a quejarme

    \"\"

    Después de seis meses de dejar de consumir, mi vida sin duda había cambiado para bien. Mi familia estaba unida nuevamente, me sentía bien al levantarme, comía mejor. Tenía energía y más dinero. Todo parecía estar volviendo a su lugar.

    Pero había algo que no cambiaba: mi mente seguía en modo queja.

    En la mesa del desayuno, por ejemplo, mi esposa preparaba algo delicioso y yo decía cosas como:

    • “Otra vez pan… deberíamos comer más sano.”
    • “El café está frío.”

    Ella, cansada, me respondía: “Siempre tienes un pero, nunca ves lo que sí hago”. Y tenía razón.

    En casa, era igual:

    • “El cuarto de nuestro hijo siempre está hecho un desastre.”
    • “Nunca nos organizamos bien.”

    Y en el trabajo:

    • “Nunca voy a conseguir un contrato grande, siempre llego tarde a todo.”

    El problema no era el desayuno, ni el cuarto, ni los clientes. El problema era mi mirada. Yo mismo estaba saboteando los momentos buenos.

    Fue entonces cuando tomé una decisión radical: no volver a quejarme.

    No se trataba de negar la realidad ni de ignorar lo que necesitaba mejorar. Se trataba de entrenar mi mente a ver primero lo que funciona y expresarlo.

    SMART Recovery me dio varias herramientas que me ayudaron a sostener esa decisión:

    1. Autogestión de pensamientos (CBT)

    Cuando aparecía la queja (“este trabajo nunca va a funcionar”), la detectaba y la reencuadraba:

    • Crítica: “Estoy cansado de este trabajo.”
    • Reencuadre: “Hoy puedo dar un paso pequeño para mejorar mi trabajo.”

    2. Registro diario de lo que funciona

    Cada noche escribía tres cosas que habían salido bien. A veces eran mínimas (“pude disfrutar un café tranquilo”, “hablé con mi hijo sin enojo”), pero entrenaban mi mente a ver la película completa, no solo la escena oscura.

    3. Role play con el método ABC

    En SMART usamos el ABC para cuestionar pensamientos:

    • Antecedente: “Mi esposa no me escuchó como esperaba.”
    • B creencia: “Nunca le importo.”
    • Conducta/Consecuencia: Me quejo y me alejo.
      Después agregaba una D (disputar la creencia): “¿Es verdad que nunca le importo? ¿O solo está cansada hoy?”.

    4. Reforzar lo positivo en las relaciones

    Apliqué la regla 2 a 1: por cada sugerencia de mejora, debía expresar dos cosas que sí funcionaban. Al principio sonaba forzado, pero pronto noté que mi esposa respondía con más apertura y menos defensiva.


    Con el tiempo entendí algo simple pero transformador: cuando dejé de quejarme, no solo mejoró mi relación con mi esposa y mi familia, también mi energía y motivación crecieron. Dejé de sentirme víctima de mi pasado y empecé a verme como alguien que avanza.


    Pregunta para ti:

    En tu proceso de recuperación, ¿qué pasaría si hicieras el experimento de una semana sin quejas? No se trata de negar lo que no funciona, sino de entrenar tu mirada para reconocer lo que sí funciona.

    ¿Dónde sería más difícil aplicarlo para ti: en cómo te hablas a ti mismo o en cómo hablas con los demás?

  • Cuando tu peor enemigo vive en tu cabeza

    \"\"

    Cómo el diálogo interno negativo puede sabotear tu recuperación

    A los seis meses de su recuperación, Martín sentía que todo empezaba a fluir. Su salud estaba mejor, su relación de pareja más estable y en el trabajo había vuelto a sentirse productivo. Un día, sin darse cuenta, empezó a compararse con sus amigos de siempre.
    Ellos no habían tenido problemas de adicciones, sus carreras lucían impecables, sus redes sociales llenas de logros y viajes.

    El diálogo interno comenzó como un susurro:

    “Nunca vas a estar a su nivel.”
    “Arruinaste tu vida.”
    “Ellos son exitosos, tú apenas sobrevives.”

    En pocos días, el susurro se volvió un grito constante. Martín empezó a aislarse, a perder el interés por las reuniones de su grupo de recuperación. Una tarde, después de una conversación incómoda con un cliente, apareció un pensamiento que le asustó:

    “¿Y si todo esto no vale la pena? ¿Para qué seguir?”

    Era la misma voz que, meses antes, lo había llevado a recaer.


    El vínculo entre diálogo interno y recaída

    Desde la perspectiva de REBT (Terapia Racional Emotiva Conductual), no son los hechos lo que nos destruye, sino la interpretación irracional que hacemos de ellos. Compararse con los demás, asumir que su valor como persona depende de “igualarlos” y generalizar errores aislados como “soy un fracaso” son distorsiones clásicas.

    ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) nos recuerda que el objetivo no es “callar” esa voz, sino cambiar la relación que tenemos con ella: reconocerla como pensamiento, no como verdad. Y la TCC nos enseña que es posible identificar, cuestionar y reemplazar patrones de pensamiento por otros más funcionales.

    En recuperación, el diálogo interno negativo puede actuar como un desencadenante interno: no es la fiesta, la bebida o la persona conflictiva… es la historia que te cuentas sobre ti mismo la que te empuja a buscar alivio rápido.


    Herramientas SMART Recovery para manejarlo

    1️⃣ Darse cuenta
    La próxima vez que detectes un pensamiento de comparación o descalificación, ponle nombre: “Este es mi crítico interno hablando”.

    2️⃣ Disputar creencias irracionales (REBT)
    Pregúntate:

    • ¿Dónde está la evidencia de que “nunca voy a estar bien”?
    • ¿Hay otra explicación más realista?
    • ¿Este pensamiento me acerca o me aleja de mis metas de vida?

    3️⃣ Desfusión cognitiva (ACT)
    En lugar de repetir “soy un fracaso”, di: “Estoy teniendo el pensamiento de que soy un fracaso”. Este pequeño cambio crea distancia y reduce su impacto.

    4️⃣ Plan de acción rápido (TCC)
    Cada vez que aparezca un pensamiento autocrítico, encadena una acción útil en menos de 10 segundos: mandar un mensaje a tu grupo, hacer una llamada, abrir un documento y escribir tres ideas.

    5️⃣ Reforzar lo funcional (Análisis de Conducta)
    Cuando reemplaces un pensamiento destructivo por uno alineado con tus valores, celébralo: reconócelo, anótalo y date una micro-recompensa.


    Un plan de fin de semana con SMART Recovery

    • Objetivo: Reducir el impacto del diálogo interno negativo en un 20% en dos días.
    • Acciones:
      1. Llevar un registro de pensamientos negativos y reemplazos funcionales (Diario ABC de SMART Recovery).
      2. Aplicar la técnica de disputas cada vez que aparezca un pensamiento autocrítico.
      3. Programar dos actividades significativas alineadas con tus valores (ej. pasar tiempo con familia, avanzar en un proyecto personal).
      4. Asistir o conectarte a una reunión SMART para compartir avances.
    • Recompensa: Un momento de autocuidado planificado (película, paseo, comida especial).

    💡 La próxima vez que esa voz te diga que “tiras todo a la basura”, recuerda: no eres tu pensamiento. Eres lo que eliges hacer después de escucharlo.

  • Cuando tu mente te dice: “Mejor tiro todo a la basura”

    \"\"

    A veces me pasa sin darme cuenta. Estoy con mi pareja, después de una discusión pequeña, algo que en otras circunstancias olvidaríamos en minutos. Pero esa voz aparece:
    \”¿Sabes qué? Mejor lo tiro todo a la basura. No vale la pena.\”
    En otros tiempos, eso significaba cerrar la puerta de golpe, buscar cualquier excusa para irme… y terminar consumiendo.

    En el trabajo pasa igual. Puedo estar frente a un proyecto que me apasiona, uno que yo mismo propuse. Y cuando algo sale mal —una reunión incómoda, un error tonto, un cliente difícil—, siento el mismo zumbido mental:
    \”¿Y si mando todo al carajo? No es para mí, seguro fracaso.\”
    Ahí también, antes, la respuesta era automática: escapar, aislarme… volver a lo conocido.

    Incluso con mi familia. Basta un comentario de un hermano, o que mi hijo me vea con una mezcla de cansancio y decepción, para que la voz empiece:
    \”No sirves para esto. Ya la regaste. Mejor deja todo como está y regresa a lo que conoces.\”

    Lo curioso es que esa voz no aparece solo en las crisis. También me visita en los buenos momentos. Cuando las cosas van bien, cuando hay avances… de pronto siento que no merezco ese éxito, que algo malo pasará. Y ahí está otra vez el pensamiento de tirar todo a la basura, como si así me adelantara a la decepción.

    En recuperación, ese pensamiento puede aparecer en momentos inesperados:

    • Cuando tienes un mal día en el trabajo.
    • Cuando discutes con tu pareja.
    • Incluso cuando recibes una buena noticia que te abruma.

    Y el patrón suele repetirse:

    1. Inicio de la incomodidad → aparece el miedo, la inseguridad, la frustración.
    2. Pensamiento de escape → “Esto es demasiado… mejor vuelvo a lo que conozco”.
    3. Conducta de evitación → buscar la sustancia, la conducta adictiva o cualquier otra forma de huir.
    4. Consecuencia inmediata → alivio momentáneo.
    5. Consecuencia a largo plazo → pérdida de avances, culpa, reforzamiento del ciclo.

    ¿Qué hacer cuando llega esa voz?

    En SMART Recovery hablamos de estrategias para interrumpir ese ciclo:

    • Retrasa: comprométete a esperar al menos 15 minutos antes de actuar. A veces, la urgencia baja lo suficiente para poder elegir mejor.
    • Respira y nombra: di en voz alta (o escríbelo): “Estoy sintiendo ganas de tirar todo a la basura. Esto es una señal, no una orden”.
    • Moldea tu respuesta: empieza por una acción pequeña que te acerque a tu objetivo de sobriedad. No tiene que ser perfecta, solo mantenerte en la dirección correcta.
    • Busca contacto: llama a un compañero, asiste a una reunión, comparte lo que sientes. Ponerlo en palabras reduce su poder.

    Lo más importante

    No te juzgues por tener ese pensamiento. No significa que estés fallando. Significa que tu mente está buscando un escape automático… y que ahora tienes la oportunidad de elegir algo diferente.
    Cada vez que decides no tirar todo a la basura, estás entrenando tu cerebro para confiar en ti y en tu recuperación.

  • Una gran alegría casi me hace recaer.

    \"\"

    Estaba a punto de cumplir seis meses de sobriedad.
    Seis meses que habían sido una montaña rusa, pero con un rumbo claro: cada día me sentía más estable, más presente, más capaz.

    Mi vida de pareja había mejorado muchísimo. Las discusiones se habían reducido, había más risas, más momentos tranquilos. Mi energía estaba enfocada en reconstruir lo que había perdido y en fortalecer lo que estaba naciendo.

    Recuerdo que era una mañana normal. Café en mano, estaba revisando el correo cuando apareció ese mensaje:

    “Queremos ofrecerte el puesto. El proyecto empieza en dos semanas.”

    No era cualquier propuesta. Era el trabajo que siempre había querido, con un reto apasionante y la promesa de un futuro brillante. Por un momento, sentí que todo lo que había hecho en esos seis meses estaba dando fruto.

    Me levanté, caminé por la casa con esa mezcla de euforia y alivio… y entonces, sin aviso, algo se encendió en mi mente:

    —\”Con esto ya lo lograste… te puedes dar un gusto.\”

    Un “gusto” que, en mi lenguaje de adicciones, significaba volver a consumir.


    Cuando el peligro viene disfrazado de alegría

    Fue un momento muy confuso. Siempre había pensado que los riesgos de recaída venían de momentos duros: estrés, tristeza, soledad.
    Nunca imaginé que una buena noticia pudiera despertar el mismo impulso.

    Pero ahí estaba: el corazón acelerado, la mente justificando, la fantasía de “solo una vez” asomándose como un ladrón en la noche.

    En ese instante, recordé algo que había escuchado en una reunión de SMART Recovery:

    “No solo te prepares para los días malos. Prepárate también para los muy buenos.”


    Lo que hice para no caer

    Respiré hondo y, en vez de luchar en silencio, decidí tomar acción.
    Entré a una reunión en línea de SMART Recovery y lo solté todo:

    —“Acabo de recibir la mejor noticia del año… y quiero consumir.”

    No hubo juicio, no hubo sorpresa. Solo escuchas atentas y un recordatorio: los logros también son cambios, y todo cambio activa nuestro sistema de alerta.


    Herramientas que me salvaron ese día

    🔹 1. Identificar el desencadenante
    Nombrar que mi impulso venía de una emoción positiva me dio perspectiva. El problema no era la buena noticia, sino mi vieja asociación de celebrar = consumir.

    🔹 2. Urge Surfing (surfear la urgencia)
    En vez de pelear con el impulso, lo observé como una ola. Sentí cómo subía, alcanzaba su punto más alto… y luego bajaba. Como todas las olas, pasó.

    🔹 3. Redirigir la energía
    Tenía esa euforia en el cuerpo, así que la usé: hice ejercicio, escribí a un amigo para contarle la noticia, avancé un paso en la preparación para el nuevo trabajo.

    🔹 4. CBA – Análisis de Costos y Beneficios
    Saqué mi hoja de CBA y leí lo que había escrito meses atrás:

    • Lo que gano con la sobriedad: paz mental, relaciones sanas, energía, confianza.
    • Lo que perdería con una recaída: mi estabilidad, mi credibilidad, mi relación, mi trabajo.

    Fue como poner una balanza y ver, claramente, hacia dónde quería inclinarla.


    Lo que aprendí

    Ese día no recaí.
    Y aprendí que en recuperación, las emociones intensas —sean buenas o malas— merecen el mismo respeto y manejo consciente.

    Las buenas noticias pueden traer presión, miedo a fallar, inseguridad sobre si “estaré a la altura”. Y si no las procesamos, podemos caer en viejos hábitos para regularnos.

    Hoy, cuando recibo una buena noticia, la celebro, sí… pero también reviso mi plan de acción. Me pregunto:

    • ¿Qué emoción estoy sintiendo en mi cuerpo?
    • ¿Qué pensamiento automático se activa?
    • ¿Cómo puedo canalizar esta energía sin recurrir al consumo?

    Si estás en recuperación, recuerda: no se trata solo de sobrevivir a las tormentas, sino también de aprender a navegar en días soleados.

    A veces, las olas más peligrosas no vienen en medio de la tempestad, sino después de haber llegado a un puerto seguro.

    💬 ¿Te ha pasado que una buena noticia te genere impulsos para consumir?

  • Volver a empezar: cómo recuperar la confianza y avanzar en la vida

    \"\"

    Hoy revisaremos las siguientes herramientas de SMART: DISARM, Plan de Cambio y ABC

    En la recuperación hay un momento en el que algo cambia.

    A veces no es una gran revelación, ni una terapia nueva, ni un evento que lo revoluciona todo… es una decisión sencilla que empezamos a repetir todos los días.

    En mi caso, fue comprometerme con pequeñas acciones diarias: hacer llamadas, asistir a reuniones, escribir, escuchar, ayudar. No importaba si me sentía inspirado o no, si el ánimo estaba alto o por los suelos: lo hacía.

    No parecía gran cosa, pero poco a poco:

    • Mi mente dejó de dar vueltas en lo que “no estaba logrando”.
    • Empecé a sentir que recuperaba un poco de control.
    • Me costaba menos iniciar el día.
    • Incluso cuando no veía resultados inmediatos, la confianza crecía.

    No eliminé mis dudas, pero sí gané algo más importante: la certeza de que estaba avanzando.


    Lo que cambió en mi mentalidad

    Antes, todo eran excusas y aplazamientos:

    “Primero que llegue la motivación… primero que tenga más tiempo… primero que me sienta mejor…” y así los días pasaban.

    Ahora mi regla es simple:

    1. Primero, la acción que fortalece mi recuperación.
    2. Después, como premio, puedo dedicar tiempo a otras cosas que me gusten o me relajen.

    No se trata de que todo esté perfecto, sino de que cada día hago algo que me acerca a la vida que quiero.


    Herramientas de SMART Recovery que me han ayudado

    En este proceso, las técnicas de SMART Recovery han sido clave:

    1. DISARM (Desmantelar pensamientos automáticos): cuando aparece la voz que dice “no vale la pena intentarlo”, la identifico como un viejo patrón, no como la verdad.
    2. Plan de Cambio: meta clara (acción diaria concreta), pasos mínimos, revisión semanal.
    3. ABC de Razonamiento: detectar la creencia que me paraliza (“si fallo, es porque no sirvo”) y reemplazarla por otra más útil (“fallar es parte de aprender”).

    Valorar lo que sí está bien

    Otro cambio profundo fue empezar a reconocer lo que tengo ahora:

    • Salud.
    • Relaciones importantes en mi vida.
    • La oportunidad de reconstruirme.

    Esto no significa conformarme, sino construir desde la gratitud en vez de desde la carencia.


    Si estás empezando de nuevo…

    1. Define una acción diaria concreta que te acerque a tu meta de recuperación.
    2. Usa las dudas como señales, no como frenos.
    3. Reconoce y celebra los avances pequeños; son los que crean impulso.

    Volver a empezar no es retroceder: es probar otra vez, con más claridad, más experiencia y, sobre todo, más vida por delante.

  • Volver a empezar: entre el miedo, la duda y la oportunidad

    \"\"

    Hace unos meses me encontraba en un punto que podría describirse como un callejón estrecho:

    • Mi negocio sobrevivía, pero no crecía.
    • Las ventas nuevas eran casi inexistentes porque yo mismo las evitaba.
    • Mi mente me repetía que había perdido mi oportunidad de tener un “buen trabajo” cuando dejé mi empleo anterior.
    • Me costaba ver lo que tenía; lo que veía era todo lo que faltaba.

    En medio de ese ruido mental, me encontré con un hecho que no podía ignorar: cuando sí hacía las acciones clave (como contactar clientes), los resultados eran buenos. El problema no era el negocio, ni siquiera mis habilidades, sino mi disposición a actuar.


    La mente crítica y la herida que no deja sanar

    Si alguna vez has estado en recuperación —sea de una adicción, una crisis personal o un fracaso profesional— sabrás que la mente puede ser tu peor enemiga.
    En mi caso, la mente se instalaba en:

    • Compararme con otros (“ellos ya tienen libros, cursos, éxito… yo nunca llegaré ahí”).
    • Minimizar mis logros (“eso es muy poco, no es suficiente”).
    • Recordarme lo que “perdí” sin dejarme ver lo que gané.

    Una de las herramientas de SMART Recovery que me ha ayudado a manejar esto es el D de DISARM (Desmantelar pensamientos automáticos de consumo/evitación). Aunque en mi caso no se trataba de una sustancia, sí estaba “consumiendo” pensamientos autocríticos y evasivos.
    Lo primero fue identificar esos pensamientos como “mensajes de la mente vieja” y no como verdades.


    El valor de lo que ya tenemos

    Algo que cambió mi perspectiva fue un ejercicio muy simple:
    Cada vez que mi mente me decía “estás mal”, yo anotaba tres cosas que sí están bien hoy.
    Ejemplos reales:

    • Mi esposa y mi hijo están sanos.
    • Tengo un negocio que ha sobrevivido años difíciles.
    • Tengo la oportunidad de rediseñar mi vida.

    En SMART, esto conecta con el concepto de vivir con propósito: definir qué es importante para ti y reconocerlo, incluso cuando el entorno no sea perfecto.


    Pequeños pasos, no grandes saltos

    Uno de mis mayores errores era querer hacer todo de golpe:

    • Mejorar la web.
    • Crear nuevos productos.
    • Publicar en redes.
    • Conseguir clientes.

    Todo a la vez… lo que acababa en nada.
    Aquí me sirvió el Plan de Cambio de SMART Recovery:

    1. Identifica la meta específica. (Ej.: Contactar a 10 prospectos al día).
    2. Divide en pasos mínimos. (Ej.: Hacer la lista de prospectos antes de las 10 am).
    3. Revisa y ajusta cada semana.

    Al enfocarme en la acción diaria —no en el resultado inmediato— empecé a ganar confianza.


    Aceptar el riesgo y la incertidumbre

    Reconozco que parte de mi apego a la negatividad era una forma de control:
    Si me decía “las cosas están mal”, sentía que estaba alerta.
    Pero la verdad es que ese estado solo me dejaba paralizado.

    Aquí me ayudó aplicar la técnica de ABC de Razonamiento de SMART:

    • Acontecimiento: Estoy escribiendo a un cliente nuevo.
    • B creencia: “Me van a rechazar”.
    • C consecuencia: Evito escribir.

    Cuando identificas esa cadena, puedes intervenir:

    • Nueva creencia: “No sé qué pasará, pero cada mensaje que envío es un paso hacia mi meta”.
    • Nueva consecuencia: Acción, aunque sientas incomodidad.

    Recuperar lo que se pueda y abrir nuevos caminos

    Hoy veo mi situación como una obra en construcción.
    He perdido cosas, sí. Pero he ganado madurez, claridad y la capacidad de reconstruir.
    No recuperaré todo lo que perdí, pero puedo recuperar lo que importa:

    • Mi autoestima.
    • Mi compromiso con mis metas.
    • Mi capacidad de actuar a pesar del miedo.

    Y mientras tanto, también puedo crear algo nuevo, incluso si hoy no sé cómo se verá exactamente.


    Si estás en un momento de reinicio, aquí te dejo tres recordatorios que me han servido:

    1. El valor está en la acción diaria, no en la perfección.
    2. La comparación puede inspirar o destruir: elige usarla para aprender, no para castigarte.
    3. No necesitas verlo todo claro para dar el siguiente paso.

    Volver a empezar no es retroceder: es probar otra vez, con lo que ahora sabes y eres.

  • ¿Estás pensando que tu esfuerzo no es suficiente?

    ¿Estás pensando que tu esfuerzo no es suficiente?

    Grupo de recuperación. Martes por la noche.
    Juan toma la palabra.

    Tiene 41 años. Lleva 42 días limpio. Ha estado viniendo cada semana, con constancia. Comparte, escucha, trabaja.
    Pero hoy baja la mirada y dice:

    “Sí, dejé de usar… pero siento que no es suficiente. Que tengo que hacer todavía mucho más.”

    Yo lo escucho sin interrumpir. Porque sé lo que viene después: culpa, autosabotaje, retraimiento… y riesgo de recaída.

    Como facilitador, lo he visto muchas veces: una voz interna que parece exigente, pero que en realidad te frena justo cuando más necesitas avanzar.


    La trampa del pensamiento “no es suficiente”

    “No es suficiente, con eso no llegas.”

    Suena como si te exigiera ser mejor. Pero no.
    En realidad es una forma de castigo interno, una excusa elegante para evitar avanzar.

    Desde un punto de vista conductual, esto ocurre:

    • Es un estímulo aversivo interno.
    • Es una forma de castigo autoinfligido.
    • Es una estrategia de evitación disfrazada.

    Porque si crees que nada es suficiente, entonces nunca tienes que arriesgarte al siguiente paso.
    No tienes que exponerte a fallar, ni a crecer.
    Y eso… mantiene el patrón viejo vivo.


    🛠️ ¿Cómo desactivarlo?

    Aquí es donde entra una de las herramientas clave de SMART Recovery: DISARM.

    DISARM (Destruir el Auto-Diálogo Irracional) consiste en identificar las voces o pensamientos que buscan seducirte de vuelta al comportamiento adictivo… aunque se disfracen de exigencia, perfeccionismo o realismo brutal.

    🔍 1. Identifica la voz

    Pregúntate:

    ¿Este pensamiento me activa o me paraliza?

    No importa si “no fue suficiente” es cierto.
    Lo que importa es:
    ¿Este pensamiento me mueve o me frena?

    Si te frena, no sirve. Punto. No se negocia con pensamientos que te alejan de tu libertad.

    🧯 2. Desarma el mensaje

    Nombrar la voz te ayuda a quitarle poder.

    “Ah, ahí está otra vez esa voz que me dice que no basta. La reconozco. No me ayuda. Y hoy no la voy a seguir.”

    Con el tiempo, puedes incluso ponerle un apodo: “El crítico”, “La trampa del éxito”, “El juez”.

    🚶 3. Responde con acción, no con debate

    No necesitas convencerte de que sí fue suficiente.
    Solo necesitas hacer algo pequeño y útil que te conecte con tu recuperación.

    Ejemplo:

    • Pensamiento: “No fue suficiente, sigo siendo un fracaso…”
    • Conducta: escribes en tu diario, mandas un mensaje de gratitud, haces una caminata consciente.

    Tu cuerpo aprende que puede avanzar incluso con ruido mental.

    🧠 4. Entrena una nueva respuesta mental

    Nada de “pensar bonito”. Pensar útil.

    “Tal vez no fue suficiente para ser perfecto…
    Pero fue suficiente para seguir en el camino.
    Y seguir en el camino es todo lo que importa hoy.”

    🎯 5. Celebra cada vez que rompes el patrón

    Cada vez que eliges actuar a pesar de la voz crítica, márcalo:

    • Un check ✅
    • Una sonrisa 🙂
    • Un “gracias” a ti mismo
    • Un recordatorio: “Hoy entrené mi libertad.”

    🤖 Copiloto AI para la recuperación

    También puedes usar herramientas como ChatGPT para acompañarte cuando esa voz regrese.
    Aquí te dejo un prompt terapéutico que puedes copiar, pegar y usar cuando lo necesites:

    Prompt para ChatGPT o tu asistente AI favorito:
    Actúa como un guía de recuperación conductual. Estoy atrapado en el pensamiento “no es suficiente, con eso no llego”. Ayúdame a entender qué función tiene ese pensamiento, a elegir una acción pequeña que me ayude a seguir y a entrenar un nuevo pensamiento que sí me sirva. Sé breve, cálido y directo.


    🌱 Recuerda

    “No es suficiente” ≠ “No soy suficiente.”

    Muchas veces ese pensamiento encubre una duda más profunda sobre tu valor como persona.
    Pero tu esfuerzo de hoy, tu decisión de seguir, ya es prueba suficiente de que estás cambiando.

    Si mantienes ese rumbo 3 semanas, 3 meses, 3 años…
    Tendrás una historia que ninguna voz crítica podrá borrar.