¿Ayudar a otros y lastimarte a ti?

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💭 A veces creo que soy generoso porque siempre estoy disponible para los demás. Pero si soy brutalmente honesto, muchas de esas veces no estoy ayudando… estoy rescatando. Y rescatar no nace de la libertad, nace del miedo.

🔑 El otro día me pasó con algo tan simple como unas llaves olvidadas. Lo que me enojó no fueron las llaves en sí, sino darme cuenta de mi patrón: cada vez que cedo sin querer, me traiciono un poquito. Y ese dolor pesa más que cualquier olvido.

⚡ Me atrapó esta trampa mental: “me siento fuerte si puedo ayudar”. Pero después de hacerlo, me siento débil. Claro, porque esa fuerza no es mía, es prestada por el rol de salvador. La fuerza real no está en decir siempre “sí”. Está en sostener mis límites, aunque incomoden.

📝 Ejercicio práctico (SMART Recovery)
Hoy me propuse un microejercicio: antes de correr a “resolverle” a alguien, escribo tres cosas en una hoja:

  1. ¿Qué valor estoy honrando al hacerlo?
  2. ¿Qué patrón estoy repitiendo?
  3. ¿Qué acción alternativa podría tomar que respete mi tiempo y mi autonomía?

De esa forma, si decido ayudar, lo hago desde una elección consciente, no desde el miedo.

🌱 Lo que me pregunto hoy
¿Qué parte de mí se siente valiosa solo cuando es útil para otros?
La respuesta no es fácil, pero sé que ahí está la clave para empezar a soltar esta cárcel emocional que yo mismo construí con ladrillos de “buena voluntad”.

☀️ Y lo más esperanzador: cada vez que elijo desde la libertad y no desde el miedo, siento que recupero un pedacito de mí.

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