Exigirnos menos: la nueva forma de crecer

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Hay días en que me descubro trabajando desde las 6 de la mañana hasta las 9 de la noche, y aun así la voz en mi cabeza insiste: “no hiciste suficiente, te faltó ejercicio, no comiste bien, la casa está desordenada”. Esa voz no se calla ni aunque lo haya dado todo.

Durante mucho tiempo pensé que la solución era organizarme más para hacer más. Hasta que me di cuenta de que eso solo alimentaba el mismo ciclo de agotamiento y frustración. Lo que realmente necesito es algo distinto: organizarme para hacerme la vida más fácil, no más dura.

Me exigía cocinar como en casa de mi madre, pero ella tenía otra realidad: no trabajaba y había cocinera. O tener la casa tan impecable como mis padres, pero ellos tenían ayuda doméstica. Compararme con esos estándares era una receta para el fracaso.

Lo mismo me pasa con el trabajo y con la vida personal: siempre poniéndome exámenes imposibles de aprobar. Y lo más duro es que esa voz crítica que antes dirigía hacia los demás (“ellos hacen todo mal”), ahora la dirijo hacia mí mismo.

El cambio que estoy aprendiendo es este: ya no se trata de pelear con los demás ni conmigo mismo, sino de volverme mi propio aliado. Reconocer que estoy agotado no es un signo de debilidad, es una llamada de atención: descansar también es avanzar.

Herramientas de SMART Recovery que ayudan en este camino

  • Reframing: cuando la mente dice “no hiciste suficiente”, responder “hoy fue suficiente para hoy”.
  • Diario de gratitud y logros: anotar cada noche tres cosas que sí logré o agradezco, por pequeñas que sean.
  • Balance de expectativas: recordar que mis recursos y mis circunstancias son distintos a los de mi familia o a los de otros; mi vida tiene que ser posible, no perfecta.
  • Autocompasión como hábito: tratarme como trataría a un buen amigo, no como a un enemigo al que critico todo el tiempo.

En resumen

La recuperación —y la vida misma— no se trata de hacer más, sino de hacernos la vida más vivible. Y a veces eso empieza con un gesto tan sencillo como aceptar una siesta, simplificar el desayuno o cerrar el día con la frase: “Hoy fui suficiente.”

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