El día que decidí no volver a quejarme

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Después de seis meses de dejar de consumir, mi vida sin duda había cambiado para bien. Mi familia estaba unida nuevamente, me sentía bien al levantarme, comía mejor. Tenía energía y más dinero. Todo parecía estar volviendo a su lugar.

Pero había algo que no cambiaba: mi mente seguía en modo queja.

En la mesa del desayuno, por ejemplo, mi esposa preparaba algo delicioso y yo decía cosas como:

  • “Otra vez pan… deberíamos comer más sano.”
  • “El café está frío.”

Ella, cansada, me respondía: “Siempre tienes un pero, nunca ves lo que sí hago”. Y tenía razón.

En casa, era igual:

  • “El cuarto de nuestro hijo siempre está hecho un desastre.”
  • “Nunca nos organizamos bien.”

Y en el trabajo:

  • “Nunca voy a conseguir un contrato grande, siempre llego tarde a todo.”

El problema no era el desayuno, ni el cuarto, ni los clientes. El problema era mi mirada. Yo mismo estaba saboteando los momentos buenos.

Fue entonces cuando tomé una decisión radical: no volver a quejarme.

No se trataba de negar la realidad ni de ignorar lo que necesitaba mejorar. Se trataba de entrenar mi mente a ver primero lo que funciona y expresarlo.

SMART Recovery me dio varias herramientas que me ayudaron a sostener esa decisión:

1. Autogestión de pensamientos (CBT)

Cuando aparecía la queja (“este trabajo nunca va a funcionar”), la detectaba y la reencuadraba:

  • Crítica: “Estoy cansado de este trabajo.”
  • Reencuadre: “Hoy puedo dar un paso pequeño para mejorar mi trabajo.”

2. Registro diario de lo que funciona

Cada noche escribía tres cosas que habían salido bien. A veces eran mínimas (“pude disfrutar un café tranquilo”, “hablé con mi hijo sin enojo”), pero entrenaban mi mente a ver la película completa, no solo la escena oscura.

3. Role play con el método ABC

En SMART usamos el ABC para cuestionar pensamientos:

  • Antecedente: “Mi esposa no me escuchó como esperaba.”
  • B creencia: “Nunca le importo.”
  • Conducta/Consecuencia: Me quejo y me alejo.
    Después agregaba una D (disputar la creencia): “¿Es verdad que nunca le importo? ¿O solo está cansada hoy?”.

4. Reforzar lo positivo en las relaciones

Apliqué la regla 2 a 1: por cada sugerencia de mejora, debía expresar dos cosas que sí funcionaban. Al principio sonaba forzado, pero pronto noté que mi esposa respondía con más apertura y menos defensiva.


Con el tiempo entendí algo simple pero transformador: cuando dejé de quejarme, no solo mejoró mi relación con mi esposa y mi familia, también mi energía y motivación crecieron. Dejé de sentirme víctima de mi pasado y empecé a verme como alguien que avanza.


Pregunta para ti:

En tu proceso de recuperación, ¿qué pasaría si hicieras el experimento de una semana sin quejas? No se trata de negar lo que no funciona, sino de entrenar tu mirada para reconocer lo que sí funciona.

¿Dónde sería más difícil aplicarlo para ti: en cómo te hablas a ti mismo o en cómo hablas con los demás?

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