Cuando el Consumo Está en el Aire: Personas y Lugares que Alimentan el Hábito

“Con ellos me relajo.”
“Ahí me olvido de todo.”
“No quiero dejar de verlos, me hacen bien.”

Hay espacios donde el consumo no sólo es permitido, sino celebrado. Y hay personas que —intencionalmente o no— refuerzan esa cultura. Ir con ellos, frecuentar esos lugares, puede sentirse como volver a casa. Pero si estás buscando cambiar, es importante reconocer cuándo esa casa te aleja de tu propio bienestar.


¿Por qué buscamos esos espacios?

Porque ofrecen lo que todo ser humano necesita: pertenencia, diversión, conexión.
Pero cuando esa conexión está teñida de hábitos que nos hacen daño, el precio es alto.


El costo de permanecer en esos entornos

  1. Mayor exposición a estímulos desencadenantes
    Lo que está a la vista, tienta. Lo que hacen todos, se normaliza.
    Cuando el consumo es parte del ambiente, la resistencia se erosiona.
  2. Normalización del hábito
    Comentarios como “tampoco es para tanto”, “una no te va a matar” o “déjate de rollos” hacen que cuestionemos nuestra decisión de cambiar.
  3. Riesgo elevado de recaída
    A veces no se trata de una decisión consciente, sino de una acumulación de pequeñas exposiciones que nos llevan, sin darnos cuenta, de vuelta al hábito.

El ciclo de auto-refuerzo

Estar con ciertas personas o en ciertos lugares puede generar emociones agradables: risa, alivio, conexión.
Eso refuerza la idea de que “ese entorno me hace bien”, aunque esté asociado al consumo.

Con el tiempo, el bienestar se vuelve dependiente de ese entorno, y ese entorno está íntimamente ligado a la conducta que queremos dejar.

No estás buscando la sustancia. Estás buscando lo que te hace sentir estar ahí.


¿Cómo intervenir? Herramienta SMART Recovery: Plan de Cambio de Estilo de Vida

Una herramienta poderosa de SMART Recovery es el Lifestyle Balance Pie, también llamado Plan de Cambio de Estilo de Vida.
Sirve para identificar las áreas que hemos descuidado por el consumo, y reconstruir una vida más equilibrada.


¿En qué consiste?

Imagina tu vida como un círculo dividido en secciones como:

  • Relaciones saludables
  • Tiempo libre y diversión
  • Salud física
  • Aprendizaje y crecimiento personal
  • Trabajo o propósito
  • Espiritualidad o conexión interior

Durante los períodos de consumo, muchas de estas áreas quedan desatendidas, y la vida se desequilibra. Entonces, buscamos sentirnos vivos o conectados a través del consumo o de las personas que lo promueven.


¿Cómo usarlo?

  1. Evalúa tu estilo de vida actual
    Dibuja un círculo y divídelo en las áreas mencionadas. ¿Qué parte ocupa tu círculo social asociado al consumo? ¿Qué otras áreas están vacías?
  2. Identifica las áreas que deseas fortalecer
    ¿Qué otras formas de pertenencia, diversión o conexión puedes explorar?
  3. Diseña acciones concretas
    Por ejemplo:
    • Probar un nuevo grupo social donde el consumo no sea el eje (club de lectura, deporte, clases de algo).
    • Fortalecer una amistad distinta que sí apoya tu proceso.
    • Dedicarse a un hobby olvidado que dé placer sin costo emocional.
  4. Haz seguimiento de tu progreso
    Puedes revisar el círculo cada semana y observar si tu vida comienza a diversificarse, si tus fuentes de bienestar se amplían.

Una nueva forma de pertenecer

No necesitas romper con todas las personas que consumen.
Pero sí necesitas preguntarte:

¿Esta persona me apoya en mi proceso o me sabotea sin querer?

¿Este lugar me ofrece diversión sin poner en riesgo mi bienestar?

¿Puedo crear nuevas formas de conexión que no impliquen volver al patrón que quiero dejar atrás?


El cambio no es soledad, es rediseño

Cambiar no es quedarte solo, es cambiar las condiciones de tu conexión.
No se trata de huir, sino de construir nuevos entornos donde tu bienestar sea sostenido, no negociado.

Y cuando el impulso de volver aparezca, recuerda:

No estás dejando de pertenecer. Estás empezando a pertenecer a ti.

Comments

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *