Desde que salí de medicina, he seguido muchos caminos profesionales y ninguno me ha satisfecho. Mi primer trabajo fue como asistente en una oficina mientras estudiaba sociología. Y me gustaba porque me mantenía ocupado y era fácil. Y, claro, me pagaban $6,000 pesos que eran maravillosos. Iba todos los viernes a comer a VIPS, mi gran lujo. El resto me lo gastaba bebiendo con mis compañeros de la carrera y fumando. Pero me sentía bien de ser independiente.
Después trabajé como asistente de dirección en varias obras de teatro durante los veranos, mientras estudiaba teatro. Y terminando la carrera tuve varios trabajos de edición de libros, vendía la revista Paso de Gato y hasta estuve en el programa de televisión de la misma revista en Canal 22. Esos trabajos me gustaban mucho pero pagaban poco y tenía que trabajar de lunes a domingo. Me divertí, eso sí.
Después de estudiar psicodrama empecé a dar cursos y talleres de comunicación, de escritura y más tarde, cuando estudié coaching, talleres para vendedores y procesos de coaching. Tuve un trabajo de dos años muy interesante con mi mejor amiga (con la que tuve un trabajo muy lindo en una asociación de prevención de violencia), en Tulancingo. Éramos un grupo de 7 psicólogos, teatreros, educadores y psicólogos sociales que dábamos cursos en escuelas para niños y jóvenes. Muy muy chingón, la verdad.
Y después me metí de lleno a la capacitación en empresas. Aunque extrañaba mucho el resto de mis trabajos, éste era más constante y era bueno. Tuve buenos mentores, Arturo y Fran, entre ellos.
Algo que cambió mucho mi visión fue empezar a trabajar en Wellness. Me hacía más sentido, tenía yo más claridad de qué hacer. Tuve un gran colega, Alejandro, con el que hice muy buen equipo. Crecimos el área desde cero y al par de años ya empezábamos a competir contra los grandes. Estábamos muy contentos. Hasta que nos compró una empresa americana y nos cancelaron muchas cosas. Pero sobreviví, y en esa empresa me enfoqué aún más en salud mental y me súper encantó. También me di cuenta de que estar en una organización así, tiene sus bemoles. Mucho prestigio pero demasiada presión por cumplir reglas y había poca oportunidad para equivocarse y crear cosas nuevas.
Cuento esto porque sigo sintiendo que quiero cambiar mi carrera. Ha sido mi sensación desde que salí de medicina. Antes de medicina, todo era medicina. Y después de platicar con mi terapeuta hace algunas semanas, creo que me ha hecho falta coraje para volver a medicina o a salud, psicología. Hacerlo en serio.
Antier renuncié a un voluntariado en SMART Recovery con el que llevo unos 7 años. Me fascina. Incluso me llegaron a pagar unas sesiones en el 2023 y me fue súper bien. Esa sensación de que las cosas fluyen, de que soy bueno pero puedo mejorar. El gusto por preparar las sesiones, por recordar a los participantes y alegrarme por los retos que pasan.
Me encantaría renunciar mañana a mi trabajo y saltar a dar terapia o sesiones, pero no es muy realista. De cualquier forma, mi renuncia al voluntariado va junto con una postura de empezar a cobrar por ese trabajo. Y en mi chamba, enfocarme en vender, en manejar el negocio, que nada malo sale de saber de administración de empresas y ventas. Pero no perder de vista que si quiero sentir que estoy haciendo lo que me gusta, lo que realmente me interesa, quiero volver a trabajar en salud mental.
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